Opinión

EDITORIAL

Nueva era en la Imprenta Nacional

Actualizado el 19 de junio de 2013 a las 12:00 am

El 27 de junio se festejará la impresión del último ejemplar del diario oficial La Gaceta en papel.

La medida llega con retraso, pero ese no es motivo para dejar de festejarla y reconocer el mérito de los administradores de la Imprenta.

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El 27 de junio, la Imprenta Nacional festejará el fin de una era y el inicio de la digitalización de uno de sus más importantes servicios. Los asistentes al acto convocado para ese día serán testigos de la impresión del último ejemplar de La Gaceta en papel y el lanzamiento del sitio web transaccional, donde en adelante se publicarán las notificaciones exigidas por la ley para infinidad de trámites pertenecientes a la esfera pública y a la actividad privada.

La medida llega con retraso, pero ese no es motivo para dejar de festejarla y reconocer el mérito de los administradores de la Imprenta, para quienes el camino más fácil habría sido hacer concesiones a la resistencia creada por el cambio. La Gaceta impresa en papel se convirtió en un absurdo desde que las nuevas tecnologías echaron raíces en el país.

Si el sentido del diario oficial es difundir los asuntos públicos y los actos privados con repercusión para terceros, los 1.400 ejemplares impresos en papel cada día no son idóneos para conseguir el propósito. Son tan pocos que no se comparan, siquiera, con el número de abogados incorporados al colegio profesional, cuya nómina es de 22.000 miembros.

El acceso por Internet es infinitamente más fácil que conseguir el ejemplar del día, sobre todo en zonas remotas de la geografía nacional. Es cierto, muchos costarricenses todavía carecen de acceso a la web, pero es mayor la posibilidad de consultarla que la de tener entre manos uno de los pocos ejemplares impresos. En cualquier caso, el número de ciudadanos con acceso a la red, incluidos prácticamente todos los abogados, supera en mucho la cifra de 1.400.

Si el acceso al diario oficial es más fácil por medios electrónicos, el costo de la circulación es mucho menor. La Gaceta se imprime al son de ¢2,5 millones diarios, con el apreciable gasto de 5 millones de pliegos de papel por año. Tan alto es el costo, que las instituciones públicas encuentran en él una limitación para completar los trámites de importantes proyectos e iniciativas. Un par de años después de aprobado, el Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar no lograba cobrar vigencia porque el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) carecía de los ¢120 millones necesarios para imprimirlo.

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El caso, citado en otros editoriales dedicados por La Nación al tema, es emblemático de los absurdos creados por la situación existente, pero no es único.

El problema económico también se manifestó en el diferendo entre la Imprenta Nacional y la Corte Suprema de Justicia por el cobro de ¢344 millones empleados en la impresión del Boletín Judicial. La Corte se rehusó a asumir la factura alegando la gratuidad del patrocinio legal, pero la Imprenta no se mostró dispuesta a permitir el golpe a su presupuesto.

La publicidad de los actos difundidos mediante La Gaceta impresa en papel es una carísima ficción y la difusión electrónica mejora, si no resuelve, los dos términos de la ecuación: mayor alcance y menor costo. A esos beneficios es necesario añadir la rapidez de la publicación, necesaria para mejorar el ambiente de negocios, el proceso legislativo e infinidad de actos de gobierno. Con frecuencia, particulares y autoridades públicas deben cruzarse de brazos mientras el aviso de una actividad importante encuentra el camino hasta las páginas de La Gaceta. Como la publicación es requisito de ley, nada se puede hacer sin ella.

En la actualidad, los medios electrónicos ofrecen las condiciones de seguridad exigidas para trámites de tanta importancia. Nada se pierde con la transición del diario oficial hacia las nuevas tecnologías y es mucho lo que se gana. En buena hora La Gaceta impresa pasará al dominio del recuerdo.

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