Opinión

EDITORIAL

Modificaciones al impuesto sobre capitales

Actualizado el 10 de junio de 2013 a las 12:00 am

Mientras el déficit fiscal ronde el 5% del PIB, será difícil desalentar los capitales foráneos de carácter financiero.

Sería más ventajoso para los deudores costarricenses uniformar las tasas de interés hacia abajo reduciendo las tasas en colones, en vez de subir las tasas en dólares.

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La Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa introdujo varias modificaciones al proyecto de ley para desincentivar la entrada de capitales. A nuestro juicio, las modificaciones tienen algún grado de justificación. Sin embargo, tienen, al igual que el resto del articulado, un pecado original: no atacan las causas sino las manifestaciones del problema ocasionado por la entrada de capitales. Tampoco eliminan las distorsiones en los gravámenes a las tasas de interés que abundan en el sistema financiero.

El problema de las entradas de capital no se origina en las diferencias en el tratamiento tributario a los intereses de fuente costarricense percibidos por contribuyentes no domiciliados en el país. Hay dos tipos de entradas de capital: directas y de carácter financiero. Las más importantes son las primeras, que se orientan a la inversión en la producción de bienes y servicios y que, según el Banco Central, superan los $2.000 millones anuales.

Esas son las que más han contribuido a apreciar la moneda nacional y no tienen ningún carácter especulativo; tampoco están motivadas por las diferencias en las tasas de interés sino por otras consideraciones, incluyendo la rentabilidad en la explotación de bienes y servicios.

Las entradas de capital de carácter financiero tampoco están motivadas por el tratamiento tributario diferenciado, sino por la marcada diferencia en las tasas de interés pagaderas por los títulos en colones y las que devengan los títulos en otras monedas. Y aquí, de nuevo, el tratamiento fiscal es accesorio a lo principal: las altas tasas de interés en colones, aunadas a un régimen cambiario que ha devenido, en la práctica, en un tipo de cambio fijo. Si no hay riesgo cambiario y la diferencia en las tasas de interés entre monedas es tan marcado, los inversionistas y banqueros tendrán todo interés en traer dólares para invertir en colones. Mientras esa situación persista, permanecerá la misma tentación.

¿Cuál es, entonces, la solución? Obviamente, bajar las tasas de interés en colones para asimilarlas a las que prevalecen en los mercados internacionales, lo cual pasa por una serie de reformas, especialmente reducir el déficit fiscal mediante una combinación de menos gastos y más ingresos. Mientras el déficit fiscal ronde el 5% del PIB, será difícil desalentar los capitales foráneos de carácter financiero.

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¿Qué se pretende lograr con la aprobación del proyecto de ley actualmente en discusión en el plenario de la Asamblea Legislativa? Dar armas al Estado para incrementar significativamente los impuestos que pesan sobre el pago de intereses, hasta hacerlos poco –o nada– rentables. Originalmente se pretendía que el Banco Central elevara la tarifa aplicable a los intereses percibidos por no domiciliados hasta en 30 puntos porcentuales (llevarlos de 8% a 38%) por un periodo de dos años, con posterioridad a la declaratoria de un “desequilibrio económico” por parte de la Junta Directiva del BCCR.

Con la reforma, se pretende disminuir el plazo de dos años a seis meses (si dos años es mucho, seis meses es menos malo) y conferir la potestad tributaria al Ministerio de Hacienda, en vez del Banco Central. En ambos casos, las reformas hacen el proyecto menos gravoso. Además, se exime a los bancos del Estado para que puedan endeudarse en el exterior siempre y cuando los nuevos ingresos sirvan para sustituir deuda externa.

Consideramos que tanto el proyecto de ley como las reformas se enfocan en las causas y no los efectos de las entradas de capital. Si hay un “desequilibrio económico” que debe ser declarado por el BCCR, uno pensaría que, lógicamente, se atacarían las causas del desequilibrio. Pero con el proyecto se deja intacto el régimen cambiario y no se modifican, para nada, las graves distorsiones existentes en el tratamiento dispar de las tasas de interés, donde unos emisores están exentos; otros pagan tasas del 15% y del 8%, y ciertos títulos denominados y pagaderos en dólares tienen tratamientos tributarios diferentes. ¿Por qué no se aprovechó la oportunidad para hacer una buena reforma de los gravámenes impositivos de todos los títulos emitidos en el sistema financiero? Pareciera que tanto las autoridades gubernamentales y del Banco Central, como las de la Asamblea Legislativa, prefieren seguir postergando las reformas que necesita urgentemente el sistema financiero. Se está distorsionando la verdadera función de las tasas de interés en la asignación de recursos, estímulos para la inversión, y se afecta la eficiencia económica. Sería mucho más ventajoso para los deudores costarricenses uniformar las tasas de interés hacia abajo reduciendo las tasas en colones, en vez de subir las tasas de interés en dólares.

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