Opinión

EDITORIAL

Metas de inflación

Actualizado el 11 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Las metas explícitas de inflación requieren un compromiso firme de fijar y hacer cumplir los objetivos de estabilidad por encima de cualquier otro fin subsidiario

Factores ajenos a la política monetaria influyeron en la reciente aceleración del índice de precios al consumidor, incluyendo la devaluación

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En la revisión del Programa Macroeconómico, el Banco Central decidió mantener las metas de inflación originalmente establecidas para el periodo 2014-2015, a pesar de que ya en el primer semestre se excedió la meta. ¿Debió haberla variado, como ha sucedido en ocasiones anteriores? La respuesta requiere un análisis de las circunstancias, externas e internas, de las políticas económicas y los instrumentos disponibles para implementarlas.

El Banco Central ha venido aplicando gradualmente un nuevo esquema de metas explícitas de inflación ( inflation targets ) a partir de octubre del 2006. Aunque no lo ha completado, ha dado varios pasos importantes en esa dirección. Adoptó, primero, las bandas temporales de intervención cambiaria para tratar de controlar mejor la emisión monetaria no programada; luego, incursionó directamente en el mercado de liquidez (ML) para influir en esa variable y utilizar las variaciones de las tasas de interés pasivas de corto plazo para afectar las activas y controlar mejor la demanda de crédito. También ha adoptado varias resoluciones para seguir avanzando hacia la flotación administrada, que le permitiría rescatar la autonomía de la política monetaria.

Las metas explícitas de inflación requieren un compromiso firme de fijar y hacer cumplir los objetivos de estabilidad por encima de cualquier otro fin subsidiario de la institución. En el pasado reciente, la intervención en el mercado cambiario obligaba al Banco a emitir cantidades de liquidez incompatibles con sus metas, y tenía que absorberla de nuevo comprometiendo sus pérdidas de operación y la inflación futura. Sin embargo, a principios de este año las circunstancias externas variaron y el mercado cambiario se encontró, de hecho, en una situación de mayor flexibilidad dentro de las bandas. El Banco adoptó decisiones para orientar el mercado cambiario, respetando las tendencias del mercado. Pero esa transición tuvo un costo en términos de mayor devaluación e inflación. Y se excedieron las metas.

Metas originales. Las metas de inflación se habían fijado en un 4% (más o menos un punto porcentual) para el periodo comprendido entre enero del 2014 y diciembre del 2015. Algunos factores ajenos a la política monetaria influyeron en la reciente aceleración del índice de precios al consumidor (IPC). La mayor devaluación fue uno de ellos –quizás el más importante–, y el ajuste de precios públicos y ciertas variaciones en los precios de algunos productos agrícolas también pesaron. Todos se caracterizan por representar lo que en economía se denomina “choques externos”. Lo importante es que esos factores son de carácter pasajero, pues no se asocian con excesos de demanda agregada por políticas monetarias expansivas.

Ahí es donde entra en juego la última decisión del Banco Central. Si la desviación de las metas las hubiera causado una política monetaria expansiva (la inflación a largo plazo siempre es causada por excesos de liquidez), lo procedente hubiera sido ajustar los instrumentos monetarios para controlarla, actuando por medio de las tasas de interés para controlar el crédito y, por esa vía, los gastos de consumo e inversión. Pero los choques observados son de carácter externo. Lo procedente, en estos casos, es permitir una variación de los precios relativos con el objeto de restablecer el equilibrio, mejorar la competitividad y mantener, entonces, las metas de inflación.

Implícita en esa decisión está la convicción que tiene el Banco Central de que, luego de la devaluación, el tipo de cambio se halla en una nueva zona de confort, y que las variaciones futuras –al menos, a corto plazo– serán moderadas.

Compartimos esa visión, pero es preciso agregar que las variaciones cambiarias y del IPC a corto plazo no solo responden a la conducción de la política monetaria, sino también a otros factores, como los precios de los servicios públicos y el déficit fiscal. Si la política fiscal es expansiva, la estabilidad cambiaria no se podrá sostener por mucho tiempo. De ahí, nuestra insistencia en controlar el déficit por la doble vía de mayores ingresos y menores gastos, aspectos aún pendientes de enunciación completa y ejecución.

Cambios. Dicho lo anterior, conviene señalar otro cambio favorable en el Programa Macroeconómico y su defensa por parte del presidente ejecutivo del Banco, Olivier Castro. En el pasado, se había inclinado por elevar a un plano de igualdad con la inflación otros objetivos subsidiarios, como el crecimiento de la producción y la generación de empleo. Posteriormente, en declaraciones rendidas a este diario y a El Financiero , ratificó su decisión de mantener las metas de inflación, aunque, por un periodo de tiempo determinado, se excedan frente a lo originalmente programado, con la confianza depositada en que volverán a su nivel. Aclaró, además, que, si bien el empleo y la pobreza son una preocupación, “el Banco Central no tiene instrumentos para resolver esos problemas”. Al Banco le corresponde generar suficiente liquidez para hacer crecer la economía, pero sin excederse para no generar inflación que, más bien, sería contraproducente, como también lo ha reconocido el jerarca del Central.

Hay algunos aspectos que, de alguna manera, son complementarios con la nueva política de estabilización del Banco Central. Lo primero es que el tipo de cambio debe ser estable, pero, también, de equilibrio. Reprimirlo vendiendo reservas para lograr mejores cifras de inflación a corto plazo sería un error, pues a largo plazo se revertiría el efecto. Las tasas de interés deben dejarse en libertad para representar la escasez relativa de dinero, sin que corresponda reprimirlas o mantenerlas bajas mediante excesos temporales de liquidez. Por esa razón, si persiste el déficit fiscal, o se incrementa, es necesario dejar subir las tasas de interés al nivel que corresponda, en vez de aumentar la liquidez de manera temporal para evitar los ajustes. Finalmente, al Banco Central le corresponde completar la transición formal a las metas explícitas de inflación, para generar confianza y estabilizar los precios de manera sostenida.

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