Opinión

EDITORIAL

Llamado a las urnas

Actualizado el 02 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Hoy vamos a las urnas con certeza del valor del voto, garantizado por el Tribunal Supremo de Elecciones y el trabajo de miles de abnegados ciudadanos

En espera de la decisión soberana hay una variada oferta electoral, con propuestas diversas y distintas consecuencias para la marcha del país

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Hoy cumpliremos la tarea democrática de elegir en paz y completa libertad a quienes conducirán el país durante el próximo cuatrienio. Vamos a las urnas con certeza del valor del voto, garantizado por el Tribunal Supremo de Elecciones y miles de abnegados ciudadanos que trabajan para asegurar la pulcritud de las elecciones.

La victoria ya es de Costa Rica, no importa cuál sea el resultado electoral. En otros países nos verán con sana envidia y hasta con nostalgia, porque hay naciones en el continente donde las elecciones libres son recuerdo de un pasado distante. Los costarricenses debemos celebrar nuestra democracia y fortalecerla con el ejercicio de los derechos ciudadanos. En espera de la decisión soberana hay una variada oferta electoral, con propuestas diversas y distintas consecuencias para la marcha del país. No hay razón para abstenernos de escoger.

Los candidatos y sus partidos merecen reconocimiento por su disposición a ampliar la gama de posibilidades, visiones de mundo e ideas en liza. Como gobierno o como opositores, según la asignación que hoy les imponga el pueblo en las urnas, asumen la responsabilidad de contribuir con el progreso y bienestar de Costa Rica. Su labor en el próximo cuatrienio también es fundamental para el engrandecimiento de la democracia. El civismo exhibido hoy por los votantes es buen norte para la conquista, desde el poder o desde la llanura, de ese fin trascendental.

En Costa Rica, la democracia ni se restringe ni se confunde con los comicios. La votación es parte fundamental del sistema político, pero también son democráticas las instituciones desarrolladas a lo largo de la historia, la protección de las minorías, la garantía otorgada a las libertades individuales, el profundo respeto a los derechos humanos y las demás características distintivas del Estado de derecho incorporadas a la Constitución Política.

A los gobernantes electos y a sus opositores entregaremos la administración y cuido de esas instituciones y libertades, bajo la vigilante mirada del pueblo, el Poder Judicial y otros mecanismos de fiscalización. A aquellos les corresponde, en primera instancia, profundizar y engrandecer el legado democrático para entregarlo, con creces, a las futuras generaciones. Tendrán éxito en la ejecución de esa tarea si se proponen cumplirla con apego a la ley, las reglas del diálogo político respetuoso, la pérdida del temor a coincidir y la leal defensa de las convicciones propias, sin menosprecio para las ajenas.

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Pasar por alto el llamado a las urnas es ignorar la patriótica disposición de decenas de miles de ciudadanos a aportar sus desinteresados esfuerzos a la preservación de un modo de vida civilizado y pacífico, que nos distingue de naciones menos afortunadas. Miles de juntas receptoras de votos en todo el país ofrecerán la oportunidad de ejercer el sufragio gracias a ese empeño colectivo, merecedor de todo reconocimiento, en especial el implícito en el cumplimiento del deber de votar.

Abstenerse es, también, negarle a la democracia un impulso renovador y vigorizante, además de dar la espalda a la oportunidad para definir el futuro. El voto en Costa Rica es obligatorio, pero, afortunadamente, no hay sanción para quien deja de emitirlo. De poco sirve la asistencia a las urnas, si el objetivo primordial es sellar un carné u obtener un comprobante. Cuanto más libre sea la decisión de emitir el sufragio, mayor es su significado. Es hora de acudir a los centros de votación en escuelas y colegios para ser fieles a una de las características más relevantes de la identidad nacional.

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