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EDITORIAL

Juicio en el Vaticano

Actualizado el 10 de julio de 2015 a las 12:56 am

El papa Francisco ha comenzado a demostrar, con hechos concretos, su voluntad de ir más allá del “mea culpa” y las buenas intenciones en los casos de abuso sexual

Sus esfuerzos tendrán éxito en la medida en que las jerarquías de todas las diócesis del mundo imiten el ejemplo de intolerancia ante las faltas y lucha contra la impunidad

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Bajo la conducción del papa Francisco, el Vaticano está a punto de hacer historia con el primer juicio por pedofilia celebrado en la Santa Sede. El imputado es el arzobispo Jozef Wesolowski, nuncio apostólico en República Dominicana entre enero del 2008 y agosto del 2013, donde según los acusadores procuró relaciones con menores de edad. Además, los investigadores encontraron pornografía infantil entre sus pertenencias.

Wesolowski ya figura como el primer detenido por ese delito en territorio del Vaticano, pero no fue confinado a la pequeña prisión de la ciudad-estado. Se le prohibió salir de los límites de la Santa Sede y la primera audiencia de su juicio está programada para el 11 de julio. Ya fue dado de baja del sacerdocio por la Congregación para la Doctrina de la Fe y el juicio podría culminar con una condena de doce años de prisión.

El Papa también aceptó la renuncia de dos obispos estadounidenses acusados de no brindar la debida protección a dos menores victimizados por un sacerdote de su arquidiócesis. La Fiscalía demandó a la arquidiócesis de Saint Paul-Minneapolis por haber ignorado reiterados informes sobre la conducta ilícita del sacerdote, ya condenado por los abusos.

El Papa forzó la renuncia de los obispos en consonancia con su promesa de no tolerar semejantes faltas, aun cuando los implicados pertenezcan a los más altos estratos jerárquicos de la Iglesia. Es apenas el inicio de un largo camino por recorrer para reparar la lastimada reputación del catolicismo, fe profesada por mil doscientos millones de personas en todo el planeta, según cifras del Vaticano.

El 40% de los fieles son latinoamericanos y los acontecimientos que estremecieron a la Iglesia en los últimos años tienen hondas repercusiones en la región, incluido nuestro país, cuya curia tampoco ha estado exenta de escándalos. Aquí como en el resto del mundo, los sacerdotes involucrados en hechos ilícitos son pocos en comparación con el total, pero la reticencia demostrada por la Iglesia a la hora de reconocer faltas y sincerarse con los fieles ha multiplicado el daño.

El papa Francisco lo ha comprendido y la señal emitida con el enjuiciamiento de su representante en la República Dominicana y la petición de renuncia de los encumbrados obispos estadounidenses, no por participación directa en los ilícitos, sino por inexcusable inacción, no deja dudas sobre la ruta a seguir.

El 11 de abril del año pasado, el Papa pronunció una enérgica condena de los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes y pidió perdón a las víctimas. El caso del nuncio y los dos obispos señala el propósito de ir más allá del “mea culpa” y las buenas intenciones.

“Me siento llamado a hacerme cargo de todo el mal que algunos sacerdotes… han causado… son bastantes, bastantes en número, aunque no en proporción con la totalidad”, afirmó el Pontífice en un acto celebrado en la Oficina Internacional Católica de la Infancia.

Benedicto XVI, predecesor de Francisco, calificó los escándalos sexuales como “la vergüenza de la Iglesia” y envió una carta pastoral a Irlanda para pedir perdón a los fieles de ese país, donde se calculó la ocurrencia de miles de abusos a lo largo de 70 años. Pero la reacción de Benedicto fue tardía y su reticencia a suspender a los obispos acusados de encubrimiento le valió fuertes críticas de quienes denunciaban la práctica de trasladar a los ofensores a otras parroquias.

Francisco no parece dispuesto a cometer los mismos errores y ha emprendido un camino doloroso pero necesario para restablecer el prestigio de la Iglesia. Sus esfuerzos tendrán éxito en la medida en que las jerarquías de todas las diócesis del mundo imiten el ejemplo de intolerancia ante las faltas y lucha contra la impunidad.

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