Opinión

EDITORIAL

Irán procura cese de sanciones

Actualizado el 03 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

El Gobierno persa espera retornar a numerosos foros internacionales, normalizar sus vínculos comerciales y renovar las relaciones con Occidente

El nuevo mandatario iraní, casi de inmediato, adoptó un léxico pacífico y una conducta pública moderada

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Los corrillos del comercio y las finanzas de Wall Street han sido sacudidos por las recientes noticias de que Irán retornará a sus antiguas curules en numerosos foros internacionales. El esperado giro será consecuencia de las negociaciones en marcha, lideradas por Estados Unidos, otras potencias occidentales e instituciones globales que podrían poner fin a la carrera nuclear iraní y sus relaciones con agrupaciones radicales.

La historia de las sanciones que mantienen a Irán alejado de esos foros se remonta al año 2002, cuando se hizo público el programa nuclear de Teherán. Desde esa fecha, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) intentó, sin éxito, confirmar el destino pacífico y académico de los proyectos atómicos persas.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha adoptado seis resoluciones, a partir del 2006, para ordenar a Irán la detención del enriquecimiento de uranio, que, si bien podría tener usos pacíficos, también podría servir para desarrollar armamentos nucleares. La constante evasión de las instrucciones de la ONU y sus órganos condujo a la imposición de una serie de sanciones.

En el 2011, un informe de la AIEA expuso los posibles designios militares del programa nuclear iraní. Sanciones más extensas fueron adoptadas a partir de ese año por Estados Unidos, las naciones europeas, Japón y China.

El impacto económico de las sanciones aceleró el paso cuesta abajo de exportaciones e importaciones, amén de agravar seriamente las condiciones de vida de los iraníes. Una serie creciente de medidas impulsadas por Washington, la ONU y la Unión Europea golpearon a la economía y hundieron las condiciones de vida en el país. Particularmente trascendentales han sido las sucesivas restricciones a la extracción y mercadeo de gas y petróleo, cuyo efecto sobre la economía apenas pudo ser disimulado por la retórica oficial de Teherán.

De manera irresponsable, el entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad restó importancia al efecto demoledor de las sanciones internacionales. Para ese entonces, el castigo y la virtual exclusión de Irán de las redes financieras internacionales ya presagiaban empeorar el desastre.

Evidentemente, el nuevo presidente, Hassan Rouhani, escogido hace pocos meses, sí entendió la irresponsabilidad de las dos Administraciones que le precedieron, presididas por Ahmadinejad. El nuevo mandatario, casi de inmediato, adoptó un léxico pacífico y una conducta pública moderada, ruta aprobada por el supremo ayatolá Ali Khamenei. Rouhani ha ocupado altos cargos en la cúpula y acumula una vasta experiencia sobre las complejidades de la cumbre persa.

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El nuevo mandatario ha dado muestra de su destreza en el arte de conquistar inversionistas occidentales y, sobre todo, compañías petroleras internacionales. Asimismo, ha podido maniobrar para la celebración de una serie de pláticas con Washington, las cuales posiblemente incluirán el tema de un levantamiento de las sanciones para reanudar las relaciones económicas y, con suerte, resolver el espinoso capítulo de las relaciones diplomáticas.

Las declaraciones oficiales iraníes y estadounidenses reflejan entusiasmo por avanzar en las negociaciones. No obstante, también en el pasado hubo momentos de un optimismo que, lamentablemente, cedió ante realidades de todos conocidas.

Por eso es de esperar que, en esta ocasión, las promesas y votos recíprocos pasen por el tamiz de las realidades. No cabe la menor sospecha sobre la buena fe occidental. Lo que sí suscita preocupación son los antecedentes históricos y la falta de probidad y transparencia demostrada por Irán en el pasado. Una negociación de este calibre demanda buena fe.

Ya los agentes iraníes recorren Occidente jactándose de los beneficios esperados en pocos meses, sobre todo con respecto a Estados Unidos. De igual manera, no ocultan su optimismo por las nuevas fórmulas contractuales que les permitirán ofrecer beneficios sin precedentes a los inversionistas. En cuanto a Washington, afirman que pronto, quizás en marzo, habrá novedades.

Desde luego, un desenlace de amistad es preferible a una salida con sospechas y temores. Por desgracia, el récord del Irán islámico demanda mucha capacidad de discernimiento. Ojalá este proceso marque una ruptura con el pasado y depare beneficios para todas las partes interesadas.

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