Opinión

EDITORIAL

Insatisfacción del primero de mayo

Actualizado el 05 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

La búsqueda de responsables por la desmedida influencia de un diputado minoritario, fuertemente conservador, repercute al interior de todos los partidos

Tanto disgusto no augura un año productivo, aunque el nuevo presidente del Directorio declara su intención de lograr importantes avances

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A pocos dejó satisfechos la elección del Directorio legislativo celebrada el primero de mayo. Ni siquiera el partido de Gonzalo Ramírez, nuevo presidente del Congreso, celebró su elección a tan alto cargo. Dirigentes de Renovación Costarricense lamentan la alianza de su agrupación con el Partido Liberación Nacional. Justo Orozco, tradicional dirigente de la agrupación evangélica, hizo un muy cuestionable reconocimiento al “logro” cuando aclaró: “Yo no lo hubiera hecho… porque Justo Orozco no es tureca de nadie”.

El Partido Liberación Nacional, al cual va atribuido el cargo de crear una tureca, tampoco salió bien librado de la compleja negociación. Influyentes figuras reprochan la elección de Ramírez por sus posiciones ultraconservadoras en materia social, como la fertilización in vitro y el respeto a los derechos de la comunidad gay.

El malestar existe también entre algunos diputados y el figuerismo no ha dejado de aprovechar la oportunidad para reprochar el liderazgo del candidato presidencial Antonio Álvarez Desanti en las negociaciones, aunque no es la primera alianza del partido con los evangélicos. Durante la administración pasada, el PLN aseguró el voto de Justo Orozco, un primero de mayo, a cambio de nombrarlo presidente de la Comisión de Derechos Humanos, para gran escándalo nacional.

Por las mismas razones, el Frente Amplio manifiesta un fuerte rechazo al nuevo presidente legislativo y libra una difícil serie de enfrentamientos internos para sancionar a los miembros de la bancada que no siguieron la lógica de elegir al menor de los dos males, desde su perspectiva. La dirigencia del partido y Edgardo Araya, su candidato presidencial tras el retiro del único contrincante en la lucha de tendencias, preferían a Ottón Solís.

El Frente Amplio pudo haber aportado los votos necesarios para llevar al fundador del Partido Acción Ciudadana a la presidencia del Congreso, pero los diputados Ligia Fallas y Jorge Arguedas favorecieron la elección de Ramírez con sus votos nulos. En consecuencia, el Frente Amplio les pidió dejar sus filas. Suray Carrillo, elegida 36 horas antes a la jefatura de fracción, se sintió obligada a presentar su renuncia luego de la selección de Ramírez. La conducta de Carlos Hernández, distanciado del Frente Amplio desde hace tiempo, también contribuyó al resultado.

En la Unidad Socialcristiana, el primero de mayo mostró con claridad las tendencias y fisuras. Tres miembros de la fracción se unieron al grupo conformado para elegir a Ramírez y sus compañeros de bancada no dejan de reclamarles la actitud. La división sigue las líneas de las tendencias en disputa por la candidatura presidencial.

Los minoritarios, en particular los que tenían también aspiraciones a encabezar la alianza opositora, tampoco salieron contentos. A ellos pertenecía la candidatura este año, según el acuerdo adoptado para elegir a Álvarez Desanti. Ramírez pertenece al grupo elegible, según ese criterio, pero sobre él pesan importantes objeciones.

En el Partido Acción Ciudadana, cuyo candidato Ottón Solís resultó derrotado por escaso margen, también suena la alarma por la elección de un diputado calificado de “fundamentalista” por diversas fuerzas en el Congreso, pero los más identificados con la candidatura del fundador de la agrupación no pueden disimular su disgusto frente a la actitud de la Casa Presidencial.

Tanto disgusto no augura un año productivo, aunque el nuevo presidente del Directorio declara su intención de lograr importantes avances. La búsqueda de responsables de la desmedida influencia de un legislador minoritario y fuertemente conservador repercute al interior de todos los partidos, pero buena parte de la explicación descansa sobre la fragmentación política del país que, en este momento, vistas las divisiones en el Congreso, más bien parece atomización. Ese problema solo puede ser resuelto por el electorado.

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