Opinión

EDITORIAL

¿Inflación o deflación? Ahí está el detalle

Actualizado el 12 de octubre de 2015 a las 12:00 am

La caída en los precios no responde a una política monetaria restrictiva del Banco Central, sino, más bien, a factores exógenos a esa política

Se debe priorizar la inversión frente al consumo y los gastos corrientes, como lo recomiendan los organismos internacionales

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La idiosincrasia costarricense en materia de precios es muy particular. Cuando van al alza, ciertos grupos reclaman; cuando están a la baja, como ahora, otros son los que demuestran su disconformidad. Es difícil quedar bien con todos durante todo el tiempo. Para las autoridades, es un reto que se debe dilucidar teniendo en mente el interés general, no el de ciertos grupos de interés.

El índice de precios al consumidor (IPC) que calcula el Instituto de Estadística y Censos (INEC) cayó en el último trimestre un 0,78%, En los últimos 12 meses la variación acumulada fue un 0,86%. Esta variación presagia que este año la inflación será prácticamente nula, fenómeno que no se presentaba desde agosto de 1974. Eso ha llevado a algunos a preguntar si en vez de inflación pasamos a una etapa de deflación o, peor aún, de recesión, como en algunos países.

Lo más importante es saber si las etapas alternativas son buenas o malas, si las autoridades deben intervenir para variar la tendencia del mercado y –lo más importante– si la baja inflación registrada en los últimos meses es sostenible en el tiempo. La inflación ha caído por factores internos y externos que hemos examinado en varias ocasiones. Recapitulando, la caída en los precios internacionales del petróleo y materias primas, la menor avaricia en algunos precios regulados (agua, electricidad), la estabilidad cambiaria y una política monetaria responsable han marcado la diferencia.

Aunque en nuestro medio no existe ninguna definición oficial de deflación, algunos consideran que una caída ininterrumpida del índice de precios por dos trimestres consecutivos califica el fenómeno. Costa Rica no está en esa tesitura. Los precios al consumidor solo han sido negativos consecutivamente en el último trimestre. Tampoco está en recesión. Medida por el índice subyacente de inflación que, contrario al IPC, recoge más certeramente los efectos de la demanda agregada interna, no ha mostrado este año ninguna variación negativa. Aunque la tasa de variación mensual ha venido disminuyendo desde un 3,93% en enero hasta un 2,74%, sigue siendo positiva. Una baja inflación medida por este índice es una buena señal y mejora la situación de productores y consumidores.

La economía real tampoco está en recesión. Aunque no crece en la forma dinámica que todos quisiéramos, el índice mensual de actividad económica (IMAE), que calcula el Banco Central, demuestra un ascenso de la producción de un 1,8% acumulado este año (promedio) y de un 2,1% interanual (ambos en términos reales). Más aún, excluyendo el régimen de zonas francas afectado por la salida de Intel, el IMAE muestra un crecimiento real de un 3% en los últimos cuatro meses, señal de que la economía se está empezando a recuperar. El Programa Macroeconómico del Banco Central contempla un crecimiento mayor el año entrante (4%), de la mano de una expansión de la economía mundial prevista por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el 2016.

Esto nos lleva a responder las preguntas fundamentales: ¿Deben las autoridades intervenir para provocar una mayor inflación? ¿Pueden realmente hacer algo eficaz para incrementar la producción? La primera debe responderse negativamente. La caída en los precios no responde a una política monetaria restrictiva del Banco Central sino, más bien, a factores exógenos a esa política, como los apuntados. Hay, además, un desfase entre la expansión monetaria y sus efectos en los precios. El más reciente Comentario sobre la economía nacional del Banco Central (No 8–2015) establece que, una vez pasados los efectos transitorios, los precios tenderán a converger gradualmente a las metas de inflación prefijadas. Agregamos que, si la producción de todas maneras apunta a una mayor expansión en el 2016, sería más bien contraproducente provocar excesiva liquidez capaz de generar una inflación incontrolada, con inciertos efectos en la producción. Ya el Banco Central redujo su tasa de política monetaria a un 3%. Más laxitud monetaria podría romper las expectativas inflacionarias que tanto ha costado reducir.

La pregunta relativa a estimular la producción cae en la esfera de competencia de otras instituciones públicas, como los Ministerios de Hacienda, Planificación, MEIC y Comercio Exterior, de algunos entes descentralizados como el ICE, el AyA y, desde luego, de la banca comercial, un poco reticente a reducir las tasas de interés, salvo el Banco Nacional. El mensaje es que se debe priorizar la inversión frente al consumo y los gastos corrientes, tal como lo recomiendan los organismos internacionales. Si la economía externa muestra menores grados de dinamismo sin poder dar mayor cabida a nuestras exportaciones, al menos por un tiempo, bien haríamos en dar más espacio a una mayor inversión pública para expandir el crecimiento y generar más fuentes de empleo.

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