Opinión

EDITORIAL

Ilusión veraniega

Actualizado el 13 de marzo de 2015 a las 12:00 am

No ha sido necesario complementar la generación hídrica con la quema de hidrocarburos, que encarece la electricidad y contamina el ambiente

Es importante no llamarse a engaño por la coyuntura favorable, producto de las lluvias que llenaron los embalses este año

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Las lluvias le han dado este año un respiro al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), cuyas plantas térmicas permanecen apagadas. No ha sido necesario complementar la generación hídrica con la quema de hidrocarburos, que encarece la electricidad y contamina el ambiente.

El resultado invita a soñar con un país donde la generación térmica se restrinja al mínimo y, ojalá, prácticamente desaparezca. La electricidad es, en promedio, el tercer gasto en importancia para los hogares costarricenses y uno de los principales para la industria. Abaratarla es bueno para la economía familiar y la del país, cuya solidez también beneficia a la primera mediante la creación de puestos de trabajo y riqueza.

El sueño está al alcance de la mano. Costa Rica posee grandes fuentes energéticas, limpias y más económicas que los combustibles, aptas para reducir la dependencia de los hidrocarburos, cuyos bajos precios también ayudan al país en este momento, pero varían tanto como el régimen de lluvias.

Por ello, es importante no llamarse a engaño por la coyuntura favorable. Este año, la represa de Arenal supera en cinco metros el cálculo inicial del ICE. En Cachí y Pirrís, el agua rebasa las expectativas en más de un metro, pero no siempre ha sido así, y en el futuro no muy lejano es casi seguro el retorno de la escasez. Los precios del petróleo, por su parte, están atados a acontecimientos geopolíticos sobre los cuales Costa Rica no tiene control. Ni los caprichos de la política ni los del clima deben gobernar la disponibilidad y precio de la energía local.

Alemania, muchos menos soleada, es capaz de producir el 7% de su energía mediante paneles instalados a lo largo y ancho de su territorio. Podríamos hacer lo mismo con solo aprovechar la luz solar de Guanacaste, pero la iniciativa más audaz para promover la generación privada en Costa Rica es un plan piloto del ICE, hace poco suspendido.

La promesa de una reglamentación apta para el desarrollo permanente del recurso fue anunciada para los próximos meses y hasta entonces no será posible evaluar su aptitud para estimular la inversión en el sector, probablemente limitada a la pequeña escala.

Italia, Islandia y Japón están entre los países más adelantados en el aprovechamiento de la geotermia. Ninguno es acusado de menospreciar las buenas políticas ambientales, Costa Rica, en cambio, apenas saca ventaja de un pequeño porcentaje del potencial identificado por el ICE en el subsuelo porque las fuentes fueron incluidas dentro de los límites de parques nacionales cuando todavía no había conciencia de la importancia del recurso. En Centroamérica, El Salvador está cerca de producir la cuarta parte de su electricidad por este medio.

Alemania suple el 9% de sus necesidades con energía eólica y España confía en el viento para generar el 16%; en nuestro país, las limitaciones legales impiden incorporar inversión privada a la actividad generadora más allá de un reducidísimo número de proyectos, aunque el potencial es grande, dadas las condiciones ventosas de muchas regiones.

Las mismas barreras legales frenan el desarrollo de la generación hidroeléctrica privada, pese a la capacidad de esa industria para ofrecer precios competitivos, muy por debajo de los costos de los proyectos recientes del ICE y, sobre todo, muy por debajo de las plantas térmicas requeridas para llenar las necesidades nacionales cuando las demás fuentes de electricidad no dan abasto.

En suma, Costa Rica cuenta, en su escaso territorio, con todas las condiciones para explotar fuentes de energía limpia utilizadas en todo el mundo. En muchos casos, la naturaleza la ha puesto en ventaja frente a otras naciones, mas no logra desembarazarse de sus prejuicios y temores, no obstante su altísimo costo económico y ecológico. Ojalá la ilusión de este y otros veranos favorables no nos conduzca a engaño.

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