Opinión

EDITORIAL

Hora de actuar con seriedad

Actualizado el 06 de octubre de 2013 a las 12:00 am

El choque de demócratas y republicanos en torno al presupuesto pone en peligro a la economía mundial

Es hora de actuar con seriedad, debería ser el mensaje para Washington de las autoridades de todo el planeta

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Una ola de calor en la zona de Washington parece haber agitado los ánimos partidistas en el Capitolio. La prueba de fuerza entre gladiadores demócratas y republicanos en torno al presupuesto y los límites de endeudamiento solo ha conseguido congelar las posiciones de cada bloque en la Cámara de Representantes y en el Senado.

El tema de la confrontación es polifacético, pues, si bien se centró, semanas atrás, en la aprobación o denegatoria del proyecto presupuestario, ahora comprende un tormentoso subtítulo del plan de gastos conocido como Obamacare , un proyecto de seguro médico aprobado, con asignaciones financieras, desde hace tres años.

En los amplios recintos del Capitolio existen conciliábulos bipartidistas de donde suelen emerger milagrosas fórmulas para permitir a unos y otros vanagloriarse de presuntas victorias. Obamacare es un ejemplo de los megaproyectos sometidos a procedimientos como el descrito, pero, en esta ocasión, el milagro no se ha producido.

Parte de las dificultades derivan del corto plazo con que cuenta la Casa Blanca, conforme a la legislación vigente. El primero de octubre se venció un plazo parcial para la aprobación del presupuesto y la mayor calamidad podría ocurrir el 17 de octubre, cuando cese el presupuesto general y las dependencias afectadas se vean obligadas a verter sus lágrimas en el Congreso para lograr la aprobación de una medida provisional.

Las autorizaciones parciales también demandan el níhil óbstat del Congreso, que las ha venido aprobando desde hace casi dos décadas. Sin embargo, los choques con la Casa Blanca se erigen ahora en un obstáculo formidable, agigantado por los denuestos intercambiados a diario entre los involucrados.

Hay, al parecer, un precipicio insalvable entre la Casa Blanca y el Congreso con respecto al límite del endeudamiento, otro problema urgente y relacionado, que en esta ocasión demanda tapar un hueco cercano a $214.000 miles de millones. Si el Congreso no aumenta el límite, a partir del 17 de octubre las arterias financieras dejarán de funcionar y Estados Unidos podría incumplir pagos.

El ajedrez presupuestario obliga a seguir una ruta de cooperación inteligente. El paro generalizado de la Administración Pública, con excepción de ciertos servicios vitales, conlleva el despido inicial de unos 800.000 empleados. No es necesario describir lo que estas cifras implican para la vida diaria de los norteamericanos.

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Las repercusiones mundiales de estos sucesos estadounidenses también pueden constituir una cadena de tragedias inenarrables. Lo más grave es que cesará el flujo vital de los créditos que a cada minuto intereses norteamericanos pactan con Gobiernos y empresas foráneas. El comercio y las finanzas globales sufrirán un fuerte impacto por esta paralización de la usina estadounidense.

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, afirmó al respecto: “No estamos ante un riesgo solo para Estados Unidos, sino para toda la economía global”. Por su parte, Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, advirtió: “El drama político (de Obama con los republicanos del Tea Party) puede acabar provocando un muy serio daño no solo a la economía de Estados Unidos, sino a la economía de todo el planeta”. A este respecto, Lagarde señaló que “el cese parcial de la Administración ya es suficientemente malo, pero el fracaso del intento por elevar el techo de la deuda federal es peor”.

Estas observaciones no deben tomarse con ligereza. Voceros de importantes empresas internacionales temen la llegada del 17 de octubre sin un acuerdo para elevar el techo del endeudamiento.

Por muchísimas razones resulta imprescindible para la Casa Blanca y el Capitolio arribar a un acuerdo que ponga fin al conflicto. La gravedad de los pronósticos amerita más análisis, no solo en los Estados Unidos. A fin de cuentas, el resto del mundo no está exento del impacto económico negativo.

Es hora de actuar con seriedad, debería ser el mensaje para Washington de las autoridades de todo el planeta.

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