Opinión

EDITORIAL

Guerra avisada

Actualizado el 06 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Quince alcantarillas subyacentes a importantes calles y carreteras están a punto de colapsar

El Conavi asegura que las reparaciones ya comenzaron. Es de esperar que estén a la altura de los peligros advertidos

Opinión

Guerra avisada

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La guerra está avisada. Quince alcantarillas subyacentes a importantes calles y carreteras están a punto de colapsar. El Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) revisó 27 alcantarillas de la Gran Área Metropolitana y dio con las 15 en estado crítico. Las reparaciones son urgentes y las consecuencias de la tardanza pueden ser la reedición del caos vial de los meses posteriores a la falla en la carretera de Circunvalación, en el río María Aguilar, a la altura de Hatillo 8.

Líbrenos la Providencia de dos colapsos al mismo tiempo, una hipótesis imposible de descartar, habiendo tantas estructuras en estado crítico. El verano está en ciernes y así se aleja la posibilidad, pero las lluvias no tardarán en regresar y, a partir de ese momento, nadie puede garantizar la fluidez del tráfico en la capital.

La alcantarilla del río Ocloro, también en la Circunvalación, a la altura de Zapote, muestra un alto grado de vulnerabilidad, así como las del río Torres, en Guadalupe y Rohrmoser. La Circunvalación está minada, pero no es la única vía de importancia bajo peligro de interrupción.

La autopista General Cañas, célebre por el puente de la “platina” y el derrumbe de la alcantarilla por donde fluyen las aguas de la quebrada La Guaria, podría quedar cerrada por una falla similar en la quebrada Zopilote. Un poco más adelante, en la ruta hacia el Pacífico, el río Siquiares podría abrir un boquete en la autopista Bernardo Soto, a la altura de El Coyol, Alajuela. Entre las estructuras más propensas a ceder está también la del río Ocloro, en Curridabat, como si se tratara de un plan para sitiar a la ciudad de San José.

Según el Lanamme, las 15 alcantarillas críticas están obstruidas a la entrada y a la salida, y sus taludes fueron construidos con materiales de poca resistencia, propensos a la erosión y los deslizamientos. El peligro surge de la falta de mantenimiento, pero el descuido ya se prolongó lo suficiente como para exigir reparaciones a fondo, no solo limpieza.

Si la guerra está avisada, no debería morir soldado, según el adagio popular. Sin embargo, el hundimiento en la General Cañas también fue avisado y nada logró impedirlo. El empresario Roberto Federspiel, propietario de una finca vecina, encargó por su cuenta un estudio de la alcantarilla en la quebrada La Guaria y su abogado, José Leonardo Céspedes, lo presentó al Concejo Municipal de Heredia, cuyos integrantes lo enviaron al Consejo Nacional de Vialidad (Conavi). No obtuvieron respuesta.

PUBLICIDAD

“(…) la quebrada La Guaria pasa por una tubería bajo la autopista y en cualquier momento se puede hacer un tapón, si se atraviesa un tronco en la alcantarilla, porque no tiene el diámetro adecuado para el caudal de agua que pasa actualmente”, decía el documento presentado a la Municipalidad cuatro años antes del hundimiento en él profetizado.

También fue avisada la ineficacia de los remiendos hechos en el puente de la “platina”. En junio del 2011, la más reciente reparación comenzó a fallar y el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos dijo que la sustitución de la losa original por una más liviana producía una vibración excesiva, causante, a su vez, del desprendimiento del concreto. El Lanamme tampoco ocultó su escepticismo sobre la eficacia de las reparaciones, pero el Ministerio de Obras Públicas y Transporte (MOPT) insistió en defenderlas. Al final, el país invirtió $10 millones en reparaciones fallidas antes de decidirse por una solución definitiva, valorada en $8,5 millones.

El 24 de agosto, cuando una cabeza de agua arrasó con la alcantarilla del río María Aguilar, en la carretera de Circunvalación, ni el Conavi ni el MOPT pusieron énfasis en el planteamiento de excusas o los alegatos de fuerza mayor ensayados en otras oportunidades. Fue mejor así. La imprevisión y falta de mantenimiento son imposibles de defender, sobre todo frente a la existencia documentada de prevenciones oportunas.

Ahora le toca nuevamente al Lanamme advertir de los problemas en ciernes. Ojalá las autoridades hayan aprendido la lección de tantos tropiezos.

Cristian Vargas, director del Conavi, asegura que las reparaciones ya comenzaron. Es de esperar que estén a la altura de los peligros advertidos y concluyan a tiempo para evitarle al país otro descalabro vial.

  • Comparta este artículo
Opinión

Guerra avisada

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota