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Gobierno transparente

Actualizado el 09 de mayo de 2014 a las 12:05 am

Luis Guillermo Solís pone el acento sobre la transparencia. “Una casa de cristal”, promete el mandatario a un país deseoso de cambio

Los debates sobre políticas económicas y sociales subsistirán, pero mucho se habrá ganado si se dan en el marco de una gestión política honrada y abierta al escrutinio

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El discurso inaugural del presidente, Luis Guillermo Solís, pone el acento sobre la transparencia. “Una casa de cristal”, promete el mandatario a un país deseoso de cambio. Para construirla, anuncia la intención de echar mano de los recursos tecnológicos modernos, calificados en el acto como una prioridad de la nueva Administración.

Abrazar la tecnología de las comunicaciones como instrumento de transparencia, no de manipulación o propaganda, es un paso trascendental. El país viene progresando en esa dirección. Justo ayer, nuestro editorial elogiaba el impulso hacia la construcción de una plataforma única para las compras del Estado, en la que las instituciones y sus proveedores transen abiertamente, a plena vista de la ciudadanía. La transparencia del sistema, allí donde se aplica, ya es fuente de importantes ahorros por la virtud misma de la apertura, excluyente de la componenda y el favoritismo, históricos componentes de las negociaciones con el Estado.

Pero la promesa presidencial, tal como fue formulada, apunta más allá de las proveedurías. Habló de promover la eficiencia del aparato estatal, pero también de hacer transparentes los procesos de toma de decisiones. “Deseo que el Gobierno –empezando por el propio Despacho presidencial– funcione como una gran vitrina o “casa de cristal” , que permita al ciudadano examinar y escrutar el desempeño de quienes administramos el Estado”.

Así, la promesa de transparencia empata no solo con el propósito de combatir la corrupción, sino también con el ofrecimiento de intensificar la rendición de cuentas, hasta ahora practicada más como un ejercicio de divulgación de las buenas obras y justificación de los errores.

Sobre la corrupción, el mandatario sentenció: “… llegó la hora de acabar con la impunidad, la irresponsabilidad y la arbitrariedad de quienes, desde el sector público, la prohíjen. Y llegó la hora, también, de acabar con la complicidad de quienes, desde el ámbito privado, pretendan amasar fortunas con negocios ruinosos para el resto de la sociedad en connivencia con los primeros”.

En cuanto a la rendición de cuentas, se comprometió a hacerla “en forma puntual, precisa y oportuna. En esta nueva Administración, el pueblo tendrá la posibilidad de escrutar, día a día, nuestras acciones, así como de señalar y censurar nuestras omisiones, para exigir las rectificaciones que correspondan”. Asimismo, dijo tomar nota de “… un clamor que exige un cambio profundo en la forma en que el país se gobierna y administra. Es un clamor que pide verdad y luz en los procesos de toma de decisiones”.

Para vincular los tres ejes de su discurso, transparencia, lucha contra la corrupción y rendición de cuentas, el mandatario echó mano de la Constitución, cuyo texto exige someter a la Administración “a un procedimiento de evaluación de resultados y rendición de cuentas, con la consecuente responsabilidad personal para los funcionarios en el cumplimiento de sus deberes”.

“El respeto a este mandato constitucional marcará el principio del cambio que el pueblo reclamó en las urnas, pues tan corrupto es quien roba descaradamente los recursos del Estado como cómplice suyo quien no los administra con dedicación, eficiencia y respeto por los más necesitados”, afirmó el mandatario a pocos minutos de recibir la banda presidencial de su predecesora, la ahora expresidenta Laura Chinchilla.

El discurso hizo un recorrido por los problemas más urgentes del país, pero el énfasis puesto en la rendición de cuentas, la honradez en el manejo de los bienes públicos y la transparencia como medio y objetivo, revela el propósito presidencial de construir el cambio de rumbo sobre esos pilares. Si el mandatario lo logra, hará una contribución valiosa a la vida política nacional. Los debates sobre políticas económicas, reforma institucional, infraestructura y demás preocupaciones subsistirán, pero mucho se habrá ganado si se dan en el marco de una gestión política gobernada por la honradez y la transparencia.

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