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EDITORIAL

Fortaleza y esperanza

Actualizado el 05 de abril de 2015 a las 12:00 am

Juan XXIII, Juan Pablo II y ahora el papa Francisco son figuras excepcionales en la historia de la humanidad

Esto no quiere decir que los problemas que aquejan a la Iglesia católica hayan desaparecido

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La sociedad costarricense, mayormente católica, conmemora hoy el Domingo de Resurrección, culminación de la Semana Santa, que alienta la introspección, la fe y la esperanza de un mundo mejor.

Con motivo de los días sacros dedicados a la vida, pasión y resurrección de Jesús, los católicos han abierto sus corazones a las palabras del papa Francisco, enmarcadas en los postulados de la Iglesia. En esta oportunidad, el Papa ha investido sus palabras con el optimismo que lo caracteriza y que los fieles comparten para llenar los cometidos de la fe, pletóricos de misericordia y fraternal humanitarismo.

El papa Francisco, conocido a través de su larga y destacada trayectoria como pastor humilde, sincero y honesto en su patria, Argentina, proyecta una simpatía que allana barreras y desarma a los no creyentes. Irrumpió sin reparos en los grises rincones del Vaticano, donde se han generado sospechas de corrupción, a fin de enrumbar la institución por caminos honestos y transparentes. Su labor, como sabemos, ha sido abundante y promisoria en logros y metas.

Sobre todo, el papa Francisco se ha ganado el afecto de todos, sin excepción. Su carisma es especial y muchos estudiosos lo califican como inédito. Similares apreciaciones se escucharon en tiempos de Juan XXIII y, posteriormente, de Juan Pablo II. Recordemos que Juan XXIII destacó por haber abierto la luz de la Iglesia, y desechó antiguos bastiones de prejuicios y odios. Su Segundo Concilio Vaticano modernizó la Iglesia en múltiples frentes, desde el léxico de los textos de oración hasta una infinidad de prácticas. Su santificación va pareja con la de otro célebre pontífice: Juan Pablo II.

El papa Juan Pablo II era oriundo de Polonia, víctima primero del nazismo y luego del comunismo soviético. Su rostro proyectaba una fortaleza espiritual sin par, forjada, sin duda, en sus choques con los totalitarismos malignos e inhumanos que oscurecieron el siglo XX. Hombre vigoroso, evocaba a los guerreros antiguos. Por cierto, al respecto, se le atribuye haber derrotado el comunismo en Europa, apoyado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

El empeño de Juan Pablo II fue inquebrantable. A pesar de las severas limitaciones impuestas por sus dolencias, el Papa no cesó en su peregrinaje por todo el mundo. Una página de sus memorias fue la Nicaragua sandinista. En una actividad de esa visita, el clérigo sandinista marxista y poeta, Ernesto Cardenal, se hincó ante el pontífice y pidió su bendición, pero el Papa, en tono severo, se la negó y le advirtió que primero debía regularizar su situación con la Iglesia. Esta anécdota corrió por el mundo gracias a la televisión y a la prensa que acompañaba la gira.

Cabe recalcar que Juan XXIII, Juan Pablo II y ahora el papa Francisco son figuras excepcionales en la historia de la humanidad. La vigencia de la fe y de la misma Iglesia católica ha sido fortalecida por la inspiradora gestión de estos pontífices.

Y, en este Domingo de Resurrección, debemos evocar a cada uno de ellos como indoblegables líderes espirituales cuyo paso por la Iglesia ha fortalecido la solidez de sus instituciones y la confianza y amor de los creyentes.

Esto no quiere decir que los problemas que aquejan a la Iglesia católica hayan desaparecido. Los desafíos de la conducta impropia de sacerdotes, sobre todo en lo que respecta a sus responsabilidades con la niñez, no cesan de aflorar en Costa Rica y el resto del mundo. Tampoco han desaparecido los tañidos de manejos financieros indebidos en instituciones eclesiásticas.

Con todo, esta agresión demanda de los feligreses la responsabilidad de colaborar en la prevención de las ofensas. Y es propicio en este Domingo de Resurrección formular votos por la tesonera fe de los costarricenses y el optimismo que nace de corazones humildes, misericordiosos y pacíficos.

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