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Actualizado el 23 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Carlos Manuel Obregón, presidente ejecutivo del ICE, califica de sesgada y engañosa nuestra información sobre el pacto con los sindicatos del ICE

Según el propio ICE, los sindicatos pusieron la agenda, tendrán representación paritaria en las comisiones y existe el compromiso de “resolver” sus propuestas

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El sábado, este diario publicó una información sobre el acuerdo firmado entre el Instituto Costarricense de Electricidad y el Frente Interno de Trabajadores (FIT). La información apareció bajo el titular “ICE entrega a sindicatos poder para incidir en la entidad”. En opinión de Carlos Manuel Obregón, presidente ejecutivo de la empresa estatal, ese es un enfoque sesgado y engañoso.

Conviene, pues, examinar nuevamente el contenido del pacto para ver si de él deriva “poder para incidir en la entidad”. Según el comunicado interno emitido para dar cuenta del acuerdo, “sobre la base de los temas planteados por el FIT, se aprobó una metodología y los objetivos concretos. Para cada uno de los puntos de la agenda, se conformará un equipo de expertos, bipartito y paritario, que estudie, dimensione y resuelva las propuestas del FIT en cada caso, en tiempo oportuno”.

La agenda, según el comunicado oficial, incluye, en el campo de los recursos humanos, “manual de clases, plazas, recargo de funciones, debidos procesos, movilidad horizontal y relaciones con las organizaciones”. En cuanto a las telecomunicaciones se discutirán “reestructuraciones y estudio del mercado”. En materia de electricidad, la agenda abarca “integración de las agencias y proyecto de ley de Contingencia Eléctrica”.

Por último, la administración “incluyó un punto de su particular interés”: “La aplicación de medidas para incrementar la eficiencia operacional del Grupo ICE y asegurar la competitividad y sostenibilidad de los negocios a mediano y largo plazo”.

Tenemos, entonces, que la institución integrará comisiones con idéntico número de representantes de la administración y los sindicatos para discutir y resolver la agenda planteada por el FIT, además del punto general incluido por la alta gerencia. El presidente ejecutivo deberá hacer un mejor esfuerzo que el desplegado ayer en un artículo publicado en estas páginas para convencer de que no se ha entregado al FIT “poder para incidir en la entidad”.

La organización puso la agenda, tendrá representación paritaria en las comisiones y existe el compromiso de “resolver” sus propuestas “en cada caso”. A la luz de la agenda, el espacio abierto para “incidir” parece amplio, sobre todo si, en palabras del presidente ejecutivo, el pacto es un elemento de su “política de diálogo y consenso”. O el funcionario cree poseer capacidades extraordinarias de convencimiento, o la meta de alcanzar el consenso exigirá atender las demandas del FIT, en cuyo caso su “injerencia” será innegable.

Para intentar demostrar lo contrario, el presidente ejecutivo cita la oposición del FIT a la aplicación del salario global a las futuras contrataciones y su decisión de retirarse “de toda participación en las instancias institucionales” mientras no se desarrolle una nueva discusión sobre el tema. Esos hechos, dice el Ing. Obregón, “dejan sin sustento la premisa errada de la publicación”. Pero el titular solo dice que al FIT se le entregó “poder para incidir en la entidad”, no que la administración renunció a ejercer sus potestades. No hay premisas, sino hechos extraídos del comunicado oficial del ICE.

Por su parte, el FIT denuncia la sana medida del salario global como una arbitraria violación del acuerdo, es decir, reclama la “injerencia” concedida. Don Carlos se queda solo en su interpretación del pacto y los sindicatos coinciden con el titular de nuestra información.

Contradictoriamente, el presidente ejecutivo se queja de un “agresivo entorno mediático que tiene una campaña permanente contra el ICE” y, acto seguido, dice estar “respondiendo a un clamor nacional por la austeridad, la eficiencia y la competitividad”. ¿De dónde surge ese clamor y cómo se manifiesta? Ciertamente no nace del secretismo impuesto por el ICE en materia salarial, financiera y de operaciones, entre otras.

Si por el ICE fuera, nada se sabría de las tribulaciones de Radiográfica Costarricense y la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, tampoco de las grandes pérdidas en diversos proyectos, los abusos revelados en las planillas, la gestión en telefonía e Internet y, en general, las finanzas. La institución y sus sindicatos acuden a los tribunales para cerrar las fuentes de información, confrontan a la Contralora por revelar sus fallas, se rehusan a rendir cuentas ante los diputados, ponen oídos sordos a la Procuraduría y acusan a los medios, en especial a La Nación, de inclinaciones “antidemocráticas”, ajenas a “la esencia del ser costarricense”.

Si hay un “clamor nacional”, se debe al “agresivo entorno mediático” que, visto en otro contexto, es un síntoma de la salud de nuestra democracia. Si por el ICE fuera, reinaría la desinformación y la ignorancia. Eso está muy lejos de “la esencia del ser costarricense” de la cual el presidente ejecutivo pretende convertirse en intérprete y que, mejor entendida, no incluye el temor a la abierta y vivaz discusión de los asuntos públicos y, mucho menos, la intolerancia y descalificación de la opinión ajena.

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