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EDITORIAL

Fin de la aventura de Recope

Actualizado el 10 de enero de 2017 a las 12:00 am

El fracaso de la empresa conjunta con china debe ser el último y la liquidación de la sociedad es un momento propicio para ponderar el papel de Recope

Los estudios y consultorías, el personal ocioso y las escasas obras han tenido costos con pocos beneficios, así como Soresco

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En enero, la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) volverá a intentar la disolución de la Sociedad Reconstructora Chino–Costarricense (Soresco), fundada en conjunto con la Corporación Nacional de Petróleo de China para modernizar la vieja refinería de Moín, que dejó de operar en el 2011 por graves deficiencias técnicas.

En general, las operaciones de refinamiento de Recope comenzaron a desaparecer mucho antes y el contrato de Soresco fue un intento de devolverle justificación al nombre de la empresa estatal, que nada tiene ya de refinadora. Cada parte aportó $50 millones para constituir el fondo inicial de Soresco. La mayor parte de esa suma ya se ha ejecutado, es decir, será pasada por pérdida si la sociedad se disuelve.

La aventura de Recope encaró cuestionamientos ambientales y financieros desde el inicio. Chocó contra su peor obstáculo en junio del 2013, cuando la Contraloría General de la República frenó el contrato de ampliación de las instalaciones en Moín porque el estudio de factibilidad lo hizo una subsidiaria de la Corporación Nacional de Petróleo de China, a su vez propietaria de la empresa ejecutora de los análisis y socia del proyecto.

Hace nueve meses, Recope informó a Soresco de su decisión de poner fin a la sociedad, pero la asamblea general necesaria para disolver y liquidar la empresa conjunta apenas se celebrará en enero. Mientras tanto, la firma ha seguido operando con tres funcionarios nacionales y cinco chinos al ritmo de $100.000 mensuales en gastos. La disolución de Soresco probó ser una tarea compleja y aunque la intención es lograrla por mutuo acuerdo, Sara Salazar, presidenta de Recope, no descarta un arbitraje.

La auditoría interna de Recope, para mayor inquietud, encontró inconsistencias financieras en Soresco luego de revisar la información contable del trienio transcurrido entre el 2012 y el 2015. Las empresas auditoras discrepan sobre el saldo de dinero en posesión de la empresa.

Soresco es solamente el último capítulo de una larga historia iniciada cuando Recope, incapaz de hacer las inversiones necesarias para renovar sus instalaciones, comenzó a abandonar el refinamiento, pero no a recortar la planilla. La enorme empresa estatal ha conseguido, a lo largo de décadas y siempre con la promesa de un proyecto renovador, mantenerse como si de verdad refinara.

Entre 1984 y 1987, una consultora extranjera aconsejó ampliar la refinería para producir 15.000 barriles diarios. Otra firma internacional propuso, casi al mismo tiempo, elevar la producción a 25.000 barriles. Durante el gobierno del expresidente Calderón el proyecto de modernización le fue adjudicado a una compañía española. Entre 1998 y el 2001 la planta no procesó hidrocarburos, pero la primera etapa de modernización apenas aumentó la capacidad de procesamiento en 2.000 barriles.

Las instalaciones nunca consiguieron acercarse a refinar el combustible exigido por el mercado interno. En el 2002, en un momento de sinceridad, Recope intentó llamarse “Sistema Nacional de Petróleo”, una confesión de que había dejado de ser refinería. Los estudios y consultorías, el personal ocioso y las escasas obras han tenido costos con pocos beneficios. Lo mismo puede decirse de Soresco.

El fracaso de la empresa conjunta con la petrolera china debe ser el último y la liquidación de la sociedad es un momento propicio para ponderar el papel de Recope, si realmente le queda alguno, lo cual no parece cierto en el campo del refinamiento de combustibles. La empresa estatal ha tenido mucho más éxito como importadora.

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