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EDITORIAL

Eurobonos y tasas de interés

Actualizado el 27 de agosto de 2012 a las 12:00 am

La autorización para emitir $4.000 millones en deuda externa permitirá reducir las tasas de interés y aliviar la situación de los deudores, incluyendo el Estado

Aprobado el proyecto de eurobonos, el Poder Ejecutivo y los diputados deben retomar, con renovado esfuerzo, la reforma fiscal

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La Asamblea Legislativa aprobó casi por unanimidad, la autorización para emitir bonos de la deuda pública en el mercado europeo por un monto de $4.000 millones. Fue un gesto desprendido de los diputados, motivado por un objetivo fundamental: reducir las tasas de interés en el mercado local, demasiado elevadas en términos reales, y aliviar la situación de los deudores actuales y potenciales, incluyendo el Estado.

Por cada punto porcentual de reducción en los intereses, el Gobierno ahorra miles de millones que puede destinar a mejores causas. ¿Se logrará el objetivo? Creemos que sí. Pero las autoridades deben poner atención al comportamiento de otros actores y variables en el mercado financiero que podrían comprometer el objetivo.

Las tasas de interés se dispararon en el mercado financiero costarricense por varias razones. No solo influyó la presión fiscal, motivada por las necesidades de captación del Ministerio de Hacienda, sino por la participación de otros actores, principalmente los bancos del Estado, cuyo peso porcentual en la determinación de la tasa básica pasiva supera el 80%. Al ajustar las tasas de captación a seis meses plazo, los bancos promueven al alza de la tasa básica pasiva y, por ende, los ingresos de gran parte de su cartera acumulada, cuyas tasas de interés activas (préstamos) se fijan con base en esa tasa de referencia, más un cierto porcentaje. Si sube la tasa básica pasiva, se incrementan las utilidades de los bancos comerciales. Eso ha sucedido en los últimos meses.

La razón económica por la cual se fijan las tasas de interés con base en un parámetro supuestamente objetivo, avalado por los tribunales de justicia, es para permitirles a las entidades financieras protegerse de la inflación. Pero, ahora, la inflación es muy baja. Sin embargo, la tasa básica pasiva ha subido y supera la inflación en varios puntos porcentuales. Ese incremento va, en buena parte, a las utilidades bancarias y sale del bolsillo de los usuarios del crédito. Además, implica una traslación injustificada de recursos de deudores a poseedores de capital financiero excedentario. Los bancos privados, obviamente, también se benefician del incremento de la tasa básica pasiva, aunque capten más bajo que los bancos públicos, aun sin tener la garantía del Estado.

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¿Tienen razón los bancos estatales de incrementar de esa forma sus tasas de captación? La respuesta no es clara. Con un tipo de cambio estable y tasas de interés en dólares muy bajas, la inclinación natural de los demandantes de crédito es hacer sus operaciones en dólares, y el de los ahorrantes es depositar en colones. El crédito ha venido creciendo en moneda extranjera, al igual que los depósitos en colones. Tanto el Banco Central como el Poder Ejecutivo tienen autoridad para regular el crédito y emitir directrices para lograr objetivos superiores de la política económica en un mercado que no es suficientemente competitivo.

¿Por qué incentivar más el ahorro en colones si las tasas de captación duplican la inflación? Si la demanda de crédito se orienta más a la moneda extranjera, ¿por qué insistir en pagar más por el ahorro en colones? Más bien se incentiva la entrada de capitales y se deprime el tipo de cambio, como ha sucedido recientemente con las cotizaciones cambiarias que han forzado al Banco Central a intervenir emitiendo colones a cambio de adquirir reservas. Ese es otro aspecto que hay que cuidar. Si las tasas de interés provocan mayor intervención, tarde o temprano el Banco Central se vería obligado a absorber el exceso de liquidez y presionar, de nuevo, las tasas de interés. Así se frustraría el objetivo primordial de reducirlas con la emisión de eurobonos.

Otro aspecto fundamental es que emitir títulos de deuda externa en otras monedas no resuelve el problema fiscal de largo plazo, aunque así lo vea el Gobierno. Abandonar la reforma fiscal (aunque públicamente se afirme lo contrario), tanto en el aspecto de ingresos y de la deficiente estructura tributaria, como por el lado del gasto, incluyendo la reforma del Estado y la estructura salarial del sector público, es un error. Por esa razón, una vez aprobado el proyecto para permitir al Poder Ejecutivo emitir el elevado monto de deuda externa, el Gobierno y los diputados deben retomar, con renovado esfuerzo, la reforma fiscal. Solo así se resolverán los problemas fiscales y económicos para retornar al sendero del crecimiento con estabilidad.

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