Opinión

EDITORIAL

Estrategia financiera del BID

Actualizado el 30 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

El organismo propone al país apoyar la sostenibilidad fiscal y mejorar la eficiencia del gasto público

También pide mejorar la infraestructura productiva, elevar la competitividad de pequeñas y medianas empresas y fortalecer el capital humano

Opinión

Estrategia financiera del BID

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) formuló su estrategia financiera para Costa Rica. En un extenso y bien elaborado documento, dio a conocer su visión sobre el país (diagnóstico), los principales problemas económicos, políticos y sociales encontrados (adversa realidad) y algunas de las soluciones en las cuales estaría dispuesto a comprometer sus recursos.

El ejercicio merece un exhaustivo análisis por parte de todos los sectores involucrados, incluida la Asamblea Legislativa, en cuyas manos está la aprobación de leyes esenciales, y el Gobierno, pues, para él, también hay serias advertencias sobre gasto, productividad y escasa inversión pública.

El diagnóstico es certero. Señala que Costa Rica fue exitosa al sostener una tasa de crecimiento real (promedio) del 6% en el período 2002-2008, emprender en décadas anteriores grandes iniciativas en el campo social e insertarse adecuadamente en el mercado internacional (apertura). Pero, después de la crisis, perdió dinamismo, comprometió las finanzas públicas, descuidó la lucha por incrementar la productividad, tornó el superávit en déficit fiscal, auspició poca integración vertical entre las empresas grandes y pequeñas, y se estancó en la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Aunque este diagnóstico no es nuevo, es señal de que el BID hizo bien la tarea.

El organismo señala cuatro áreas de acción necesaria: apoyo a la sostenibilidad fiscal y mejora de la eficiencia en el gasto, mejorar la calidad de la infraestructura productiva, elevar la competitividad de las pequeñas y medianas empresas y fortalecer la estrategia de acumulación de capital humano.

Independientemente de la evolución de esos factores, el monto total de los desembolsos programados por el BID oscilaría entre $736 millones y $1.031 millones. No son sumas despreciables.

En lo fiscal, el informe apunta que el desequilibrio debe resolverse mediante una estrategia conjunta de reducción sostenible de gastos –enfatizamos el término sostenible– y de nuevos ingresos, principalmente mediante impuesto sobre la renta, IVA y reducción de exoneraciones. También recomienda la aprobación de reglas fiscales para contener el gasto futuro, materia en la cual el BID ha desarrollado una gran expertise.

Concordamos plenamente con la aprobación de reglas fiscales y agregamos que, para asegurar la sostenibilidad del gasto, es menester entrarles de lleno a los denominados “disparadores”, principalmente los relacionados con la planilla (número de servidores) y los pluses salariales.

El mejoramiento de la infraestructura productiva está íntimamente ligado con el problema fiscal. No se puede hacer chocolate sin cacao, dice el viejo refrán. Sin recursos fiscales disponibles, no es posible financiar la infraestructura requerida. Pero, además, el informe es realista: las necesidades insatisfechas son tan grandes que no se puede –ni debe– pensar en que el Estado las financie en su totalidad. Se debe, por tanto, descansar en la iniciativa particular para coadyuvar en el esfuerzo y mejorar los procedimientos de adjudicación que han sido satanizados por ciertos sectores políticos. Incrementar la inversión pública contribuiría a impulsar el crecimiento, aumentar el empleo y, por esa vía, reducir la pobreza. El BID contribuirá a financiar los estudios para fortalecer y simplificar el sistema actual.

Otro de los problemas identificados es la baja capacidad de la fuerza laboral y el divorcio parcial entre la demanda de trabajo y la oferta de trabajadores. Mientras el desempleo es alto (un 9,2% de la fuerza laboral actualmente), los empleadores se quejan de no poder llenar las plazas vacantes en sectores de alta tecnología (ingenieros y técnicos) y otros servicios, mientras que hay abundancia de trabajadores no especializados. El BID propone aportar recursos y asistencia técnica para mejorar la capacidad del capital humano.

Finalmente, el informe aborda el problema de la baja productividad de las pequeñas y medianas empresas (pymes). La situación actual es alarmante: las pymes representan el porcentaje más elevado de las empresas nacionales (95%), generan el 46% del empleo total, contribuyen con un 32% al PIB, representan el 80% de los exportadores, pero solo aportan un 14% del valor total de las exportaciones. Hay, evidentemente, una pobre cadena de valor agregado.

El problema, sin embargo, no será fácil de resolver. Las pymes han tenido históricamente altas tasas de protección, pagan muy pocos impuestos frente a sus competidoras más grandes, reciben créditos subsidiados aunque en términos porcentuales el total es bajo, y su productividad relativa es muy poca. ¿Cómo resolver las limitaciones sin incurrir en nuevos proteccionismos? Ahí tiene el BID un reto de marca mayor.

  • Comparta este artículo
Opinión

Estrategia financiera del BID

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota