Opinión

EDITORIAL

Esperanza para Racsa

Actualizado el 29 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

En buena hora la realidad del nuevo mercado se impone y la empresa se ve obligada a plantearse iniciativas como la alianza con VíaEuropa

“No puede haber excusas, no puede haber resistencias burocráticas ni posiciones timoratas”, sentenció la presidenta al anunciarse el proyecto de Internet rápida

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La presidenta Laura Chinchilla pudo haberse limitado a celebrar el lanzamiento de los nuevos servicios de Internet de Radiográfica Costarricense (Racsa). Según el anuncio, el costo caerá a la mitad y la velocidad aumentará de manera asombrosa. La oferta meterá a la subsidiaria del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) en el mercado, como participante competitivo, con aspiraciones de salir del abismo financiero donde languidece en la actualidad. Para el país implica un salto adelante en materia de conectividad.

Tantas buenas noticias no empañaron el espíritu crítico de la mandataria. En el acto, lamentó los cinco años de tardanza de la suscripción del convenio con la empresa sueca VíaEuropa, cuya participación en el proyecto lo hará posible. Advirtió, además, la necesidad de respetar los plazos fijados para iniciar las operaciones. “No puede haber excusas, no puede haber resistencias burocráticas ni posiciones timoratas”, sentenció la mandataria.

Es una extraña forma de celebrar, pero está plenamente justificada. En esos cinco años, el ICE invirtió demasiado tiempo en ingeniárselas para posponer la inevitable muerte de sus monopolios, y muy poco en planificar su futuro en un mercado abierto a la competencia. Arrastrada por esa falta de visión, Racsa cayó en un abismo donde su supervivencia quedó en entredicho. En el 2011, el ICE se vio obligado a brindarle asistencia por $15 millones, y en el 2012 la Contraloría General de la República advirtió la posibilidad de una quiebra por la pérdida de rentabilidad y falta de liquidez.

La rápida pérdida de clientes destronó a la empresa de su posición de liderazgo absoluto hasta sumirla en números rojos. Entre el 2008 y el 2010, perdió el 30% de la clientela, es decir, 41.000 conexiones. Hoy, Teófilo de la Torre, presidente ejecutivo del ICE, cree posible enderezar las finanzas en el breve plazo de 18 meses gracias a la nueva oferta de servicios. El país ganaría por los cuatro costados. Una importante empresa pública conseguiría la supervivencia y el desarrollo por la única vía aceptable en la actualidad: la competitividad en el mercado abierto. El consumidor obtendría mejores precios y más calidad. La producción tendría el estímulo de una mejoría en las telecomunicaciones, y los beneficios de la red estarían al alcance de crecientes sectores de la población.

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Precisamente por eso, las advertencias de la presidenta no sobran. Tampoco está de más el recuerdo del pasado reciente, mucho menos proactivo. La mandataria fue generosa al lamentar la parálisis de los últimos cinco años. Es mucho más antigua y, ya en los albores del siglo, el ICE sabía de la obsolescencia de algunos de sus servicios, próximos a ser sustituidos por Internet, pero rehusaba actuar en consecuencia.

Con el tiempo, será célebre la sugerencia, afortunadamente fallida, de prohibir el acceso a servicios de telefonía IP para proteger el tráfico internacional de llamadas monopolizado por la institución. Parece un chiste, pero en su momento hubo quien lo planteara con seriedad. Los reclamos de banda ancha, formulados por importantes actores de la economía nacional, especialmente empresas del sector tecnológico, durante años no conmovieron al ICE ni a Racsa.

Ni siquiera se aprovechó a plenitud el tiempo transcurrido entre el momento en que la apertura se hizo inevitable y el ingreso de nuevos operadores al mercado. El ICE se empeñó en oponer obstáculos a la apertura, incluyendo el extraordinario episodio de la negativa a devolver las frecuencias necesarias para abrir espacio a los nuevos participantes.

En buena hora la realidad se impone y la empresa se ve obligada a plantearse iniciativas como la alianza con VíaEuropa. Faltan detalles fundamentales para hacer una valoración de la propuesta. La repartición de utilidades entre Racsa y su socia no fue revelada, y De la Torre se limitó a señalar que una buena parte de las ganancias será para la empresa estatal. La actitud y propósitos, sin embargo, son inobjetables. Ojalá los números cuadren y los plazos se cumplan, como exige la presidenta.

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