Opinión

EDITORIAL

Elusiva paz en Ucrania

Actualizado el 09 de marzo de 2014 a las 12:00 am

La respuesta occidental ha sido titubeante, en gran parte sometida a la realidad de la dependencia de importantes naciones respecto al gas y petróleo rusos

Por lo pronto, las comunicaciones con Putin son fluidas, pero sin asomo de un retiro militar ruso de Crimea a corto plazo

Opinión

Elusiva paz en Ucrania

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Las capitales europeas son hoy escenario de un intenso juego diplomático para alcanzar la paz en Ucrania. El foco de la acrobacia es Crimea, una península en el Mar Negro que alberga una estratégica base naval rusa y la red portuaria de Sebastopol. Sobre todo, constituye una ruta privilegiada para enfilar ataques militares contra Rusia. O, al menos, así lo interpreta el Kremlin, que también aduce la necesidad urgente de proteger a la nutrida y amenazada población rusa no solo en Crimea, sino también en algunas ciudades turbulentas de Ucrania.

Henry Kissinger, en un ensayo recientemente difundido, señala que, históricamente, Ucrania fue parte de Rusia durante siglos y es hasta cuna de la religión rusa. Conocidos disidentes como Alexandre Solzhenitsyn y Joseph Brodsky han insistido en que Ucrania debe ser parte integral de Rusia y de su historia.

Con estos antecedentes, Putin despachó no menos de 35.000 efectivos armados, acompañados de tanques y artillería, para ocupar, en principio, Crimea y, quizás, más allá después.

La respuesta occidental ha sido titubeante, en gran parte sometida a la realidad de la dependencia de importantes naciones respecto al gas y petróleo rusos. Rusia es, también, destino de cuantiosas exportaciones europeas. Incluso, Estados Unidos ha seguido ese curso de extremo cuidado para no provocar a Rusia.

Las amenazas de Washington se han reducido a vedar la entrada de algunos oficiales rusos menores y la restauración de tasas impositivas de escasa trascendencia. La revancha del Oeste se ha limitado a acciones administrativas inofensivas, aparejadas con la intensificación de la diplomacia.

Lo que no ven hoy las principales potencias occidentales es la repetición de la historia, dice Mikheil Saakashvili, expresidente de Georgia y ahora profesor en Tufts University. Señala el exmandatario que la invasión rusa de Georgia en el 2008 y, hoy, de Ucrania guardan paralelo con la anexión nazi de territorios checos bajo el pretexto de amparar a la población de ascendencia alemana en 1938.

Ese año, Gran Bretaña ensayó la opción diplomática. Tras una sesión infructuosa con Hitler, en Múnich, donde se suscribió un acuerdo iluso, el primer ministro inglés, Neville Chamberlain, retornó a Londres agitando el papel del convenio y manifestó que traía en su mano “la paz suscrita personalmente por Mr. Hitler”. Con evidente satisfacción añadió que lo que ocurría era “una disputa, en un país lejano, entre pueblos de los que no sabemos nada”. Ese fue el preludio de la Segunda Guerra Mundial.

Entre tanto, el jueves último, el Parlamento de Crimea resolvió, por unanimidad, incorporar la región a la Federación Rusa, con lo cual sellaría su secesión de Ucrania. Estas nuevas condiciones serán sometidas a un plebiscito este mes, conforme se anunció en Crimea.

La nueva realidad habrá de pesar en las decisiones que adopten las principales potencias europeas y Estados Unidos en el curso de esta crisis. Por lo pronto, las comunicaciones con Putin son fluidas, pero sin asomo de un retiro militar a corto plazo.

Valga señalar que Putin mantiene amistad con la canciller alemana, Angela Merkel, quien nació en la Alemania Oriental, donde el hoy presidente ruso trabajó como coronel de la KGB soviética. Ambos hablan ruso y alemán, lo cual facilita las comunicaciones.

Por otra parte, hay interpretaciones de que la operación en Crimea obedeció a la óptica de Putin en torno a la adhesión ucraniana a los mecanismos de integración europeos. Asimismo, la tradicionalmente neutral Suecia ha solicitado su ingreso a la OTAN y planea modernizar sus fuerzas armadas.

Los observadores no tienen esperanza de una acción occidental significativa para sancionar a Rusia por su agresión armada contra Ucrania y la anexión de facto de Crimea. La península ha sido una región con un historial sui géneris . Fue parte de Rusia hasta 1952, cuando el jefe soviético, Nikita Khruschev, oriundo de Ucrania, la obsequió precisamente a Ucrania. Desde luego, Ucrania estaba a su vez sometida al mando soviético.

Será motivo de intenso interés mundial lo que finalmente resulte de la presente crisis. Sin duda, constituirá un patrón de la conducta internacional de Estados Unidos y las naciones europeas a estas alturas de la historia.

  • Comparta este artículo
Opinión

Elusiva paz en Ucrania

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota