Opinión

EDITORIAL

Eliminación del Premio Pío Víquez

Actualizado el 25 de mayo de 2013 a las 12:00 am

La Ley de Premios Nacionales, aprobada en primer debate, elimina el Pío Víquez, dedicado a reconocer la labor de los periodistas

La desaparición del galardón solo puede ser entendida como expresión de las tensiones, esenciales y saludables, entre la prensa y el poder político

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La Asamblea Legislativa aprobó, en primer debate, la Ley de Premios Nacionales, cuyo texto elimina el Pío Víquez, dedicado a reconocer la labor de los periodistas. Al mismo tiempo, la corriente legislativa se engrosa con una iniciativa de ley para crear el día del diputado.

El proyecto de autocelebración no tiene buen ambiente. Una rápida lectura de la consideración dispensada al Congreso por la opinión pública, sumada al mínimo tacto político, aconseja a los legisladores huir de la propuesta como se huye de un perro rabioso.

Sin embargo, el contraste entre la mezquindad frente a la labor periodística y el exagerado aprecio de la propia, resulta ofensivo. Demuestra, en un plano casi simbólico, la pérdida de contacto de algunos diputados con la realidad. El papel de la prensa difícilmente será celebrado en la Asamblea Legislativa con sinceridad. El periodismo cuestiona y fiscaliza. Esa es su razón de ser, y la tensión con los poderes establecidos es norma, no excepción.

La eliminación del Premio Pío Víquez solo puede ser entendida como expresión excesiva de ese conflicto, esencial y saludable para el régimen democrático. Hay manifestaciones más graves de la inevitable tensión, como la indiferencia del Congreso ante las iniciativas planteadas, hace más de una década, para perfeccionar el marco jurídico aplicable a la libertad de expresión y robustecer el debate público.

La justicia y corrección de aquellas iniciativas quedó corroborada por su paulatina incorporación al ordenamiento jurídico, mediante la jurisprudencia nacional e internacional. En cambio, la Asamblea Legislativa más bien se vio en apuros para rectificar las graves limitaciones impuestas al acceso a la información pública por la llamada “Ley mordaza”.

Al parecer, los legisladores decididos a eliminar el premio no consideran cultura lo que mañana será fuente primaria de los historiadores y es hoy pilar del régimen democrático, precisamente porque cuestiona y fiscaliza. Mentes más reflexivas consideran el periodismo el primer borrador de la historia. No es la historia definitiva y en su carrera por marcar el paso de los acontecimientos, el periodista rara vez alcanza la profundidad de otras disciplinas. No es ese su cometido, pero el valor de la función es reconocido en todo el mundo.

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En casi todos los países existen distinciones similares al Premio Pío Víquez. También son muchos los reconocimientos de carácter internacional. Hace pocas semanas, Costa Rica tuvo el honor de fungir como sede de la entrega del Premio Mundial Guillermo Cano, otorgado por la Unesco.

No obstante, los periodistas no laboran o no deben laborar por los galardones. Habrá prensa sin premio y su motivación principal será la misma. También el reconocimiento social al periodismo en sus diversas manifestaciones. El Estado se abstendrá de participar de ese reconocimiento, con lo cual tomará distancia de la sociedad en este otro punto.

El Colegio de Periodistas solicitó a los diputados devolver el proyecto a la Comisión de Asuntos Sociales para enmendar la omisión del Premio Pío Víquez. La petición es pertinente; empero, su trámite exige cuidado para no crear la impresión de que se pide un favor o privilegio. El mejor oficio del mundo, como lo llamó Gabriel García Márquez, no debe suplicar distinciones.

El Colegio cumplió al señalar a los congresistas la omisión, su impertinencia y el mensaje implícito sobre el concepto del periodismo imperante en la Asamblea Legislativa, al parecer compartido por el Ministerio de Cultura de la actual administración. Falta votar en segundo debate o rectificar la decisión. En cualquier caso, el periodismo seguirá su marcha.

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