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Educar a los amos

Actualizado el 01 de abril de 2015 a las 12:00 am

El 13% de la población canina de la Gran Área Metropolitana (GAM), unos 76.500 especímenes, defeca en la vía pública, según una encuesta reciente

Anualmente, siete niños pierden la visión en uno de los ojos a consecuencia de la toxocariasis, cuyos parásitos están presentes en las heces

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Las heces caninas proliferan en aceras, plazas y áreas verdes, a vista e impaciencia de los transeúntes, aunque pocos costarricenses tienen conciencia de que constituyen uno de los principales focos de contaminación ambiental y un problema de salud pública. Y son aún menos los propietarios que se preocupan por recoger lo que excretan sus mascotas en plena calle.

El 13% de la población canina de la Gran Área Metropolitana (GAM) defeca en la vía pública, según una encuesta de la Sociedad Mundial para la Protección Animal, lo que representa unos 76.500 especímenes. Investigaciones en otros países demuestran que una tercera parte de los propietarios no se encargan de los residuos fecales de sus perros cuando los sacan a pasear. Este grupo, que en Costa Rica se calcula es superior a las 200.000 personas, violenta las más elementales normas de la tenencia responsable de mascotas así como las reglas de la convivencia humana y del respeto mutuo.

Si pensamos que un perro mediano evacua 18 kilos de excremento al mes, podemos entender que las heces caninas, con las que a diario nos tropezamos en cualquier parte, no son cuestión de broma. Estas se acumulan por toneladas en lugares recreativos y de entretenimiento frecuentados por poblaciones vulnerables, como niños pequeños y adultos mayores.

Un estudio reciente de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional (UNA) alertó que un 84% de los excrementos caninos, encontrados en parques públicos, están contaminados por parásitos que pueden transmitir enfermedades a los seres humanos.

Anualmente, siete niños pierden la visión en uno de los ojos a consecuencia de la toxocariasis, cuyos parásitos están presentes en dichas heces. Esta infección ya ha dejado parcialmente ciegos a 137 costarricenses.

Un solo gramo de excremento contiene hasta 23 millones de bacterias fecales coliformes. En contacto con el agua, o a través del polvo y de los insectos, es capaz de contaminar puestos ambulantes de comida, depósitos de agua, el aire y las áreas verdes. De este modo, transmite graves enfermedades parasitarias intestinales, respiratorias y gastrointestinales.

Por supuesto, en este, como en otros casos a los que lamentablemente nos hemos acostumbrado en Costa Rica, el problema es que la ley no se cumple o nos contentamos con no hacerla cumplir.

Desde el 2003, el Reglamento para la Reproducción y Tenencia Responsable de Animales de Compañía señala en el artículo 48 que “los propietarios o responsables deben recoger y disponer adecuadamente de las heces… cuando realicen deposiciones en aceras, parques, jardines de vecinos o lugares públicos”.

Normas y recomendaciones similares son parte del Manual Básico de Tenencia Responsable de Perros y Gatos, de la Asociación Nacional Protectora de Animales (ANPA) y del Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) y del código de manejo que aprobó la Municipalidad de San Rafael de Heredia, en el 2011.

Este y otros municipios, como Curridabat, han impulsado la apertura de parques señalizados, en los que se insta a los dueños a llevar bolsas y palas para recoger los residuos fecales de sus perros. Con este mismo espíritu, la UNA lanzó la campaña informativa “Si mi perro hace su necesidad, yo la desecho por educación”.

El artículo 8 del proyecto de Ley de Bienestar Animal y Tenencia Responsable de las Poblaciones Caninas y Felinas, que actualmente estudia la Asamblea Legislativa, plantea por primera vez sanciones para quienes irrespeten la obligación de “disponer adecuadamente” de las excretas de sus animales.

Sin embargo, como es imposible poner un policía al lado de cada perro que hace sus necesidades en la calle, es indispensable que el costarricense adquiera conciencia sobre los derechos, los deberes y las obligaciones que contrae al adquirir una mascota, tanto hacia el animal en sí como hacia su comunidad.

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