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Editorial

La segunda fase del OIJ

Actualizado el 08 de abril de 1995 a las 11:32 am

Diagnóstico de la Corte describe la enfermedad y brinda las soluciones

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El Diagnóstico sobre el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) ya está a punto. Fue esta una labor encomiable de los magistrados Jorge Rojas, Rodrigo Castro y Hugo Picado. Corresponde ahora poner en práctica las recomendaciones propuestas. Es una exigencia de la justicia.Esta Comisión, designada en setiembre de 1994 por la Corte Plena y llevada de un propósito de objetividad, entrevistó a más de cien personas de diversas profesiones y experiencias, y solicitó cinco estudios técnicos de alto nivel, entre ellos del Programa Internacional para la Capacitación en la Investigación Criminal de EE.UU. y de expertos de Scotland Yard. Este diagnóstico representa la segunda fase de la historia del OIJ, creado por la Ley No. 5.229 del 12 de diciembre de 1973. Esto quiere decir que, a partir de sus recomendaciones y de las experiencias cosechadas, ha de comenzar una etapa de mayor profesionalismo y sentido técnico y ético en el OIJ, en bien de la justicia y de los derechos humanos.

El diagnóstico de la Comisión de la Corte presenta 32 recomendaciones de orden conceptual o atingentes a las políticas de investigación policíaca en lo futuro, así como de orden práctico. Este valioso acervo técnico y teórico requerirá el despliegue de una intensa y amplia acción para ponerlo por obra, dado que se refiere a aspectos muy variados de la labor de investigación, en punto a estructura, coordinación, normativa, procedimientos, selección de personal, capacitación, financiamiento, telecomunicaciones y otros.

Estas recomendaciones tienen como propósito profesionalizar el OIJ, como brazo imprescindible de la justicia, a la vez que extirpar una serie de vicios enquistados en él que, como lo resalta la Comisión, han producido "una grave crisis, originada en severas deficiencias e insuficiencias de muy diverso linaje" que, de no desarraigarse pronto, llevarían al OIJ "irremisiblemente al despeñadero". En esta parte, el informe describe "el oscuro sentimiento de orfandad, impotencia y desamparo" de los investigadores, que afecta su personalidad, sus propios valores y su contexto familiar. Luego, compara esta lamentable situación con el protagonismo de la Dirección en años anteriores, divorciada del resto del personal, y con la pujanza y ramificación de una "delincuencia organizada que cuenta con sofisticados y potentes equipos, modernos medios de transporte, armas y suficientes municiones".

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Esta crisis interna ha dado lugar a graves excesos de orden moral y legal, aun en contra de los derechos humanos. Sin embargo, tal como lo documenta este informe, no puede afirmarse que existan en el OIJ escuadrones de la muerte, infiltración del crimen organizado ni estructuras arraigadas de corrupción. Por el contrario, ante denuncias sobre hechos de esta naturaleza el cuerpo policial reaccionó en forma celosa para dilucidar el caso y pedir la destitución de los responsables. De aquí se colige que, pese al resquebrajamiento interno del OIJ en el campo técnico y profesional, es posible vertebrar la segunda etapa de esta entidad policíaca. El diagnóstico ofrece, en este sentido, un buen plan de trabajo y existe, además, la voluntad de la Corte de actuar en consecuencia. Dentro del programa de modernización del Poder Judicial, este capítulo es insoslayable.

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