Opinión

EDITORIAL

Doce años de error

Actualizado el 09 de abril de 2013 a las 12:00 am

La idea de “repensar” la desconcentración hospitalaria pasa por una evaluación detallada de lo sucedido y también de sus costos

Al modelo le faltaron metas y compromisos claros, mayores controles, mecanismos de evaluación y un sistema de sanciones en caso de incumplimiento

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La Caja Costarricense de Seguro Social puso fin al proceso de desconcentración hospitalaria iniciado hace una docena de años con la esperanza de incrementar la eficacia de las gestiones, dotándolas de agilidad en los ámbitos del manejo presupuestario, contrataciones y organización de recursos humanos.

Treinta y cuatro clínicas y hospitales volverán al control central de la institución tras los decepcionantes resultados del largo periodo de experimentación con el modelo desconcentrado. Las listas de espera para consulta o cirugía en los centros médicos desconcentrados son iguales o peores que en las clínicas y hospitales excluidos del programa. La optimización de los procesos y la mejora en la atención de usuarios no se produjo. En cambio, imperó el desorden en materia de contrataciones y compra de medicamentos. Los hospitales desconcentrados pagan distintos precios por el mismo insumo y casi nunca por debajo del precio de compra de la proveeduría centralizada.

La necesidad de centralizar las compras figura entre los diez puntos de reforma sugeridos por un conjunto de organizaciones sociales encabezadas por la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP). Según el documento, “el traslado o descentralización de los procesos de compras institucionales ha generado gran ineficiencia en la contratación, así como el crecimiento de los costos por la imposibilidad de generar economías de escala por compras de gran volumen a nivel central”.

La comisión de notables establecida por la presidenta de la República para estudiar la crisis financiera de la Caja llega a la misma conclusión. La recomendación contenida en el punto 67 es contundente: “revertir el proceso de desconcentración”.

La justificación de la propuesta es un sintético diagnóstico de lo sucedido desde la adopción del programa: “Por varios años ha tenido lugar la creación, mantenimiento e incorrecta interpretación de una política de desconcentración que, lejos de traer beneficios, ha conllevado pérdida de economías de escala y contribuido a la desarticulación en la toma de decisiones. La desconcentración se ha limitado a la materia de compras, contratación de personal y presupuestaria, lo que ha resultado en casi 300 puntos de compra y la contratación de personal en más de 100, con resultados insatisfactorios. La asignación presupuestaria es inflexible, sustentada en el comportamiento histórico, y no corresponde con la prestación esperada de los servicios de acuerdo con las necesidades de la población atendida. Al día de hoy la función de directores/as de entes desconcentrados es básicamente la misma que la de los no desconcentrados; sin embargo, los primeros cuentan con incentivos salariales que duplican el salario de los no desconcentrados”.

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En apoyo de su decisión, la Caja cita, además, la existencia de 17 informes de la Contraloría General de la República, la Procuraduría y la Auditoría Interna. Al consenso se suman, incluso, las declaraciones de algunos directores de hospitales desconcentrados, como es el caso de Hilda Oreamuno, del San Juan de Dios: “La desconcentración sirvió en un primer momento, pero, como todo, llega un momento en que hay que repensar”.

La idea de “repensar” la desconcentración pasa por una evaluación detallada de lo sucedido y también de sus costos, sobre todo si la Caja adopta la sugerencia de la comisión de notables de analizar una nueva propuesta, construida a partir de metas y compromisos claros, mayores controles, mecanismos de evaluación y un sistema de sanciones en caso de incumplimiento.

A juzgar por el consenso sobre los resultados, esos elementos no tuvieron la consideración debida hace doce años, cuando se adoptó el modelo vigente hasta ahora. Quizá por eso la institución tardó más de una década antes de darse cuenta del error.

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