Opinión

EDITORIAL

Desaceleración de la economía

Actualizado el 17 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

La tasa de crecimiento nacional se desplomó a menos de la mitad en escasos ocho meses, según el índice mensual de actividad económica del Banco Central

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), las perspectivas de crecimiento de la economía mundial tampoco son favorables

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Desaceleración de la economía

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La producción nacional ha perdido dinamismo. La tasa de crecimiento se desplomó a menos de la mitad en escasos ocho meses, según el índice mensual de actividad económica (IMAE) calculado por el Banco Central. En febrero, el país había alcanzado una tasa de crecimiento interanual del 7,2%, pero ya en octubre reflejaba un escaso crecimiento de apenas 2,39%. Si la tendencia continúa, la situación podría complicarse en el 2013. Eso plantea, desde ahora, grandes retos para los sectores público y privado.

Uno de los más afectados sería, desde luego, el Gobierno, pues sus ingresos ordinarios están muy ligados a las vicisitudes de la actividad económica. Cuando la producción y el gasto crecen a tasas elevadas, las empresas y personas venden y gastan más, las utilidades se expanden y, con ellas, suben los ingesos por impuestos sobre la renta, ventas y arancelarios, que son los más importantes en la recaudación total. La historia hacendaria demuestra que los ciclos económicos marcan, en mucho, la pauta fiscal.

En el 2008, por ejemplo, cayó la producción nacional, y las finanzas públicas pasaron de un ligero superávit a un pronunciado déficit en pocos meses, situación de la que aún no se han recuperado plenamente. Aunque la producción probablemente no llegará a caer en el 2013 como lo hizo en aquella oportunidad, una ralentización afectaría, sin duda, los ingresos y el déficit del Gobierno central y del sector público consolidado. A la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) le afectaría, en particular, un menor crecimiento del empleo formal y los salarios reales.

El sector privado también se resentiría de los embates de una menor tasa de crecimiento económico. Los más afectados serían, desde luego, los trabajadores, pues tendrían menores fuentes de trabajo disponibles, y, además, las posibilidades de lograr aumentos salariales reales serían menores. Los profesionales también tendrían menos oportunidades de expandir sus servicios, al igual que otros oferentes independientes, y las empresas habrían de conformarse con menores ventas en el mercado local, lo que afectaría sus planes de expansión, inversión y contratación de nuevos trabajadores, en una especie de círculo vicioso.

Varios factores inciden en la desaceleración. En el plano interno, las altas tasas de interés en términos reales empiezan a afectar la inversión y el crecimiento. Aunque bajaron levemente en las últimas semanas, siguen elevadas. De mantenerse en esos niveles, incidirían aun más, dado el alto margen de intermediación financiera entre las tasas de captación y las aplicables a los préstamos productivos. Además, inciden en la atracción de capitales financieros con efectos muy conocidos en la apreciación del colón y su impacto en las exportaciones. Si a ello se agregan las adversidades de la economía mundial, el panorama resulta poco halagueño. Según datos del Banco Central, la variación acumulada interanual de las exportaciones también se ha venido desacelerando desde enero. Eso refleja el bajo crecimiento de la economía en los principales países desarrollados, especialmente EE. UU., cuya tasa de crecimiento será de apenas el 2% este año. Japón, con una reducida tasa de expansión del 0,2% en el tercer trimestre de este año se suma a la Unión Europea, todavía en recesión (-0,1% en el tercer trimestre).

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Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) las perspectivas de crecimiento de la economía mundial no son favorables. Por ahí no vendrá, entonces, una fuente de expansión prometedora. El mercado interno tampoco puede reactivarse mucho por las limitaciones de tamaño y el peligro de un recrudecimiento de la inflación, que tanto ha costado reducir. La variación interanual del IPC ha aumentado de 4,23% a 5,22% en los últimos cuatro meses. El Gobierno tampoco tiene un margen holgado de expansión de los gastos para estimular la economía, como sí lo tuvo en el 2008. Si se incrementaran las erogaciones sin contar con nuevos ingresos, se ejercería mayor presión sobre las tasas de interés, lo cual marcharía a contrapelo del objetivo de aumentar la producción.

La economía costarricense se ha vuelto muy cíclica. Ya no resulta tan sencillo mantener la tasa promedio de crecimiento, como antes. Muchos factores internos y externos la pueden afectar y provocar altibajos.

El gráfico de la producción interanual en los últimos cinco años semeja una montaña rusa. Ante esta situación potencialmente delicada, corresponde a los ministerios de Planificación y Economía, junto con el Banco Central, elaborar un plan integral y proponérselo al país a inicios del próximo año, antes de que rompan los vientos de la política.

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