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EDITORIAL

“Cura” de la homosexualidad

Actualizado el 16 de febrero de 2013 a las 12:00 am

La declaratoria de interés público de un congreso donde participará un médico que promueve el “tratamiento” de la homosexualidad, despierta polémica

La pregunta no es si el galeno tiene derecho a expresar sus puntos de vista, sino si el Gobierno debe ofrecer respaldo oficial a una actividad abierta a su participación

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El Movimiento Diversidad, defensor de los derechos de la población homosexual, protesta por la declaratoria de interés público del V Congreso Centroamericano de Bioética. La disconformidad surge de la participación del médico Jokin de Irala, vicedecano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, una prestigiosa institución de estudios superiores creada por el fundador del Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer.

El Dr. De Irala es un polémico conferencista según cuyo criterio la homosexualidad es un trastorno del desarrollo sexual humano y puede ser curada con terapia especializada. Ese punto de vista, aunque minoritario, no es único del médico español. La polémica se ha hecho sentir en otras partes del mundo. En el marco del debate, numerosos expertos advierten sobre los peligros de entender la preferencia por personas del mismo sexo como una patología.

En los Estados Unidos abunda la documentación de casos de personas sometidas a “terapias” ineficaces y más bien dañinas, cuya práctica impone al “paciente” la exigencia de negarse a sí mismo y lo somete a situaciones conducentes a la depresión y, en casos extremos, el suicidio.

La preocupación es tanta como para haber causado acción legislativa. Una ley aprobada el año pasado por el estado de California prohíbe cualquier intento de cambiar la orientación sexual de una persona menor de 18 años. La norma se funda en el criterio de prominentes expertos, entre quienes se cuenta la Asociación Americana de Psiquiatría, una de las más grandes y reconocidas del mundo.

Según la Asociación, las “terapias” aplicadas para cambiar la orientación sexual implican grandes riesgos, incluyendo la depresión, ansiedad e impulsos autodestructivos. Los procedimientos “curativos”, afirma la organización psiquiátrica estadounidense, carecen de fundamento científico. La Asociación eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales hace ya cuatro décadas y desaprueba los “tratamientos” psiquiátricos basados en la presunción de que la homosexualidad es, per se, una perturbación mental.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) también sostiene que los intentos de “curar” a personas con comportamientos no heterosexuales carecen de justificación médica y representan una seria amenaza para el bienestar de los afectados. Según la OPS, existe, además, un amplio consenso de que la homosexualidad es una variante natural de la sexualidad humana y no puede ser considerada patológica. La organización llamó a los Gobiernos, instituciones académicas, asociaciones profesionales y medios de comunicación a exponer las “curas” ante la opinión pública y promover el respeto por la diversidad.

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La ley californiana protege a los menores de edad y deja a los adultos en libertad de escoger someterse a tratamientos semejantes, generalmente practicados y defendidos por personas con fuertes motivaciones religiosas en cuya conceptualización de la homosexualidad es difícil distinguir hasta dónde la caracterizan como “enfermedad” y hasta dónde como “pecado”.

En cualquiera de los dos casos, ese punto de vista conduce a reforzar prejuicios sociales que se interponen entre la comunidad homosexual y sus aspiraciones de gozar, en plan de igualdad, de derechos reconocidos a los heterosexuales. Contribuye, también, a enraizar las actitudes homofóbicas.

En consecuencia, no es de extrañar el enojo de los activistas del Movimiento Diversidad ante la declaratoria de interés público concedida al Congreso de Bioética, aunque los organizadores afirman que el polémico Dr. De Irala no hablará sobre curas para la homosexualidad.

La ministra de Salud, Daisy Corrales, justifica la declaratoria por el respeto a la libertad de expresión existente en el país. Ese no es el tema. Nadie ha llamado a impedir la libre expresión del médico español, cuyo derecho a exponer sus teorías no está en duda. La pregunta es si un Gobierno comprometido con el respeto a la diversidad y los derechos humanos debe ofrecer respaldo oficial a una actividad abierta a su participación.

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