Opinión

EDITORIAL

Cooperación con tres vecinos

Actualizado el 10 de febrero de 2015 a las 12:00 am

Estados Unidos se apresta a incrementar su ayuda a Guatemala, Honduras y El Salvador

Apoyamos el paso, pero debe ir acompañado de estrategias inclusivas y de largo plazo

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, envió al Congreso, el pasado martes, un presupuesto por casi $4 billones (millones de millones) para el ejercicio fiscal del 2015, en el que se incluyen $1.000 millones en ayuda “a Centroamérica”, pero que, en realidad, se destinarán a Guatemala, Honduras y El Salvador. De ese monto, $400 millones serán destinados a promover el comercio y generar empleos, $300 millones a combatir la delincuencia organizada y la suma restante al fortalecimiento institucional.

Pocos días antes, el vicepresidente, Joe Biden, comenzó un artículo en el diario The New York Times escribiendo que “la seguridad y prosperidad de Centroamérica están intrínsecamente ligadas a las nuestras”. Sin embargo, tanto en la frase inmediatamente precedente, como en todos los párrafos que siguieron, su enfoque lo limitó a los tres países del “triángulo norte” del Istmo. Entendemos la prioridad en ellos: de Guatemala, Honduras y El Salvador proviene una abrumadora mayoría de los migrantes centroamericanos que tratan de ingresar a Estados Unidos, incluidos más de 50.000 niños, el año pasado. Son ellos, además, los países del Istmo más afectados por la violencia interna, el impacto del tráfico de drogas y una endémica inestabilidad institucional, aunque Nicaragua padece otra versión de esta: la virtual captura del Estado por la familia Ortega.

Si los fondos se canalizan y utilizan con eficacia y transparencia hacia esos países y fines, y contribuyen a impulsar el necesario y, a la vez, complejo, “cambio sistémico” al que se refirió Biden en su artículo, no solo ganarán nuestros tres vecinos, sino toda Centroamérica, incluida Costa Rica. Pero el aporte será poco significativo, si esta cooperación, casi tres veces mayor que la acostumbrada para el Istmo, no toma en cuenta dos aspectos fundamentales, que se relacionan con plazos y ámbito.

Un cambio del tipo necesario para hacer más funcionales y robustas las instituciones, generar desarrollo económico, promover la inclusión social y reducir la violencia demanda una apuesta a muy largo plazo, tanto por parte de los receptores de la ayuda como del donante. La responsabilidad primaria de esas tareas responde a cada país y, por tanto, debe existir un claro compromiso de sus líderes políticos, económicos y sociales. Pero, para que el acompañamiento y estímulo externo, como el que se apresta a dar Estados Unidos, sea realmente significativo como complemento a las respectivas voluntades nacionales, requerirá una apuesta de varios años. Esperamos que tal sea el caso. Será imprescindible, además, un adecuado equilibrio entre sus componentes institucionales, de desarrollo y de seguridad, sustentado en planes que también se puedan proyectar en el tiempo, con estabilidad, evaluación y adaptación.

El otro aspecto fundamental a tomar en cuenta es que la acción de la delincuencia organizada, en particular el narcotráfico, es un fenómeno con repercusiones en toda Centroamérica. Desgraciadamente, nuestra región es el gran eje de conexión entre los centros productores del sur y el gran consumidor del norte: Estados Unidos. Por eso, es poco probable que una estrategia concentrada en tres países rinda adecuados frutos; peor aún, existe la posibilidad de que, si los rinde, simplemente se produzca un traslado de la actividad de esas bandas al resto: Belice, Nicaragua, Panamá y Costa Rica.

El consumo, distribución y tráfico de drogas debe ser abordado por cada país de acuerdo con sus respectivas necesidades, pero la responsabilidad de hacerlo no comienza ni termina con ellos: se extiende en buena medida también a los productores y consumidores. Además, demanda estrategias regionales bien concebidas e integradas, cosa que, hasta ahora, ha sido difícil lograr en el Istmo. Nos preocupa que, si la cooperación financiera y logística de Estados Unidos no se canaliza en función de esas estrategias más inclusivas, los países del “corredor sur” podamos salir perjudicados, y que los del norte no necesariamente ganen mucho.

Si el Congreso, como esperamos, autoriza los fondos, habrá tiempo de dialogar intensamente sobre su mejor uso. Concordamos en que hay tres vecinos más necesitados, pero insistimos en la necesidad de que la iniciativa estadounidense sea integral, de largo plazo, y tome en cuenta los estrechos vasos comunicantes que –para bien en muchos casos y, para mal, en otros– existen entre los países centroamericanos.

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