Opinión

EDITORIAL

Clamor contra la corrupción

Actualizado el 21 de junio de 2015 a las 12:00 am

Los malos manejos de fondos en Guatemala y Honduras suscitan protestas cada vez más numerosas en las calles

La pérdida de credibilidad es tal que ni siquiera el anuncio de una contribución foránea despierta esperanzas y, de antemano, da lugar a nuevas sospechas

Opinión

Clamor contra la corrupción

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Los fenómenos de corrupción en altos círculos oficiales alcanzan frecuencias inéditas en Honduras y Guatemala. El pueblo, en ambos países, sufre en carne propia las repercusiones odiosas del saqueo de instituciones clave para la salud y otros servicios primordiales y urgentes para los estratos más pobres y necesitados.

Guatemala y Honduras no son países ricos. Los ciudadanos humildes, los más susceptibles a los efectos de una hacienda pública notoriamente imposibilitada de sufragar servicios esenciales, no han encontrado otro camino que vocear sus reclamos por las principales calles de las ciudades. Esta forma de expresión presagia explosiones sociales quizá más serias y tal vez irreprimibles por las fuerzas policiales y aun por las militares.

En ambas naciones se ha generado una rápida multiplicación de escándalos políticos originados en dependencias dirigidas por quienes gozan de acceso inmediato a la Presidencia. Ni el presidente guatemalteco, exgeneral Otto Pérez Molina, ni su colega hondureño, Juan Orlando Hernández, figuran directamente como involucrados en las causas en curso. No obstante, la proximidad de los involucrados a la máxima jerarquía gubernamental se refleja en crecientes demandas para que renuncien. Según los dirigentes de las protestas, los mandatarios no son inmunes al contagio de la epidemia y no pueden evitar sus repercusiones.

Quienes han tenido ocasión de ver de cerca a los manifestantes y a sus dirigentes, coinciden en apuntar la metamorfosis de las protestas en movimientos que, cada vez con más fuerza, exigen la dimisión o remoción de los mandatarios. También señalan la creciente presencia de líderes estudiantiles y familias enteras de la clase media. Para incontables participantes en las manifestaciones, resulta contagioso ese súbito impulso de lanzarse a las vías públicas para exigir las cabezas presidenciales.

En Honduras, la molestia crece con la divulgación de los detalles de una estratagema mediante la cual los jerarcas del Instituto de Seguridad Social concertaban toda suerte de contratos con terceros por montos estrafalarios. Se acusa a los involucrados de suscribir convenios con empresas fantasma, nacidas y ubicadas en el Caribe, con la finalidad de embolsarse $200 millones. Ese, aparentemente, era el único propósito de los contratos.

En Guatemala, dos escándalos sucesivos a finales de abril dieron pie a acusaciones de defraudación fiscal cuyos autores concertaron rebajas ilegales de impuestos de importación a cambio de regalías en efectivo.

Con este trasfondo de corrupción a manos llenas, sobrevino recientemente el anuncio del presidente estadounidense, Barack Obama, de que su administración donaría $1.000 millones a los empobrecidos países del triángulo norte de Centroamérica para combatir a las maras y su violencia. La idea es mejorar la situación de familias cuyos hijos buscan refugio en Estados Unidos para evadir la violencia de las bandas criminales. La donación, inspirada por la política de disminuir la migración a Estados Unidos, complació a los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador. Sin embargo, ha provocado la ira de los manifestantes hondureños y guatemaltecos, que desde ahora ven una fuente más de defraudaciones a favor de los encargados del reparto.

La pérdida de credibilidad es tal que ni siquiera el anuncio de una contribución foránea despierta esperanzas y, de antemano, da lugar a nuevas sospechas. La esperanza no se nutre con mil millones de dólares y tampoco con sumas más elevadas, sino con programas sociales aptos y administrados con honradez. Es necesario encontrar la voluntad para dar ese salto.

  • Comparta este artículo
Opinión

Clamor contra la corrupción

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota