Opinión

EDITORIAL

Cautela ante las buenas nuevas

Actualizado el 13 de abril de 2013 a las 12:00 am

En Costa Rica, la recuperación internacional del turismo se tradujo en un aumento del 7% en el número de visitantes y 24% en la inversión extranjera atraída por el sector

Los problemas del entorno internacional no están resueltos en definitiva y surgen nuevos retos internos. El sector turístico no debe ser descuidado

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El turismo repunta en el mundo, y Costa Rica está entre los beneficiarios. La industria sufrió un duro golpe en el 2009 con la crisis económica internacional cuyos efectos todavía no han sido superados. No obstante, en el 2012 la Organización Mundial del Turismo tomó nota de un aumento del 4% en el número de visitantes internacionales a destinos ubicados en todo el orbe. En total, se trata de 1.035 millones de personas, una marca histórica que será superada en el 2013 con un nuevo incremento del 3% o 4% según el organismo especializado.

En Costa Rica, la recuperación se tradujo, en el 2012, en un aumento del 7% en el número de visitantes y 24% en la inversión extranjera directa atraída por el sector. Los empleos formales generados por el turismo (61.000) superan en 12.000 el número de mayo del 2009, cuando la crisis obligó a ejecutar recortes de personal. Los niveles de ocupación hotelera y los ingresos en divisas también testimonian el repunte. Los $2.425 millones gastados por el turismo el año pasado superan en un 34% la cifra del 2009.

La industria turística nacional demostró capacidad de resistir los embates del retroceso económico mundial y también habilidad para capitalizar con rapidez la mejora de los últimos meses. Sin embargo, los problemas del entorno internacional no están resueltos en definitiva, y surgen nuevos retos internos. El sector no debe ser descuidado.

Europa sigue sumida en una profunda crisis, sin expectativas de crecimiento significativo en el futuro inmediato. Estados Unidos se recupera con lentitud, y sus políticas económicas repercuten en el tipo de cambio nacional a contrapelo de los intereses del empresario turístico. Los costos del negocio turístico, denominados en colones, no bajan. En cambio, el valor de los dólares obtenidos de los visitantes sufrió en los últimos años un fuerte retroceso.

En el curso de la crisis, muchas empresas del ramo se vieron obligadas a endeudarse, de lo cual ha dado cuenta la prensa. Otras se encontraron con dificultades para enfrentar obligaciones financieras preexistentes. Algunas podrían verse en el límite de sus posibilidades si la economía mundial experimenta un nuevo retroceso.

Costa Rica, por otra parte, se ha convertido en un destino relativamente caro, no solo por el efecto del tipo de cambio, sino también por el costo de los pasajes aéreos e insumos necesarios para las operaciones turísticas, entre ellos la energía.

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A las dificultades del momento se suman otras cuya persistencia o desarrollo a lo largo de los años resta competitividad a la industria turística.

El país se ha mercadeado con éxito como un destino de vocación ecológica, con la naturaleza como principal atractivo, pero el visitante puede constatar, a simple vista, la existencia de prácticas lesivas para el ambiente. La infraestructura nacional es otro tema pendiente. Hay avances en materia aeroportuaria, pero las carreteras son fuente de quejas de los visitantes. El país también se ha negado a sí mismo el desarrollo de nuevos atractivos, como el centro de convenciones tantas veces discutido.

La seguridad pública es otro motivo de preocupación. Costa Rica todavía lleva ventaja a la mayor parte de los competidores del área por su tasa de homicidios y crímenes violentos, pero la exposición del turismo al hurto y delitos similares tiene un impacto acumulativo. El visitante que relata en el extranjero el robo de su cámara o pasaporte en la plaza de la Cultura es la peor publicidad imaginable.

Las debilidades apuntadas exigen ver con cautela la recuperación del sector. No se asienta sobre bases inconmovibles y hay nuevos competidores cuyas ofertas crecen en atractivo. Las buenas nuevas son para celebrar con una dosis de cautela.

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