Opinión

EDITORIAL

Capitalización del IVM

Actualizado el 18 de enero de 2014 a las 12:00 am

El uso de los intereses generados por el fondo para pagar pensiones le impide crecer al ritmo de años anteriores

En el 2013, la cifra ascendió a ¢26.876 millones y ya los encargados dieron a conocer el desalentador prospecto de este año: ¢37.000 millones

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En el 2014, la Caja Costarricense de Seguro Social echará mano de ¢37.000 millones de los intereses generados por el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) para pagar las pensiones y aguinaldos de los 211.248 jubilados del sistema. Los demás ingresos no alcanzan por sí mismos para hacer el pago.

El uso de los intereses impide al fondo crecer al ritmo de años anteriores y despierta dudas sobre la posibilidad de sostenerlo en el tiempo. Según la Gerencia de Pensiones de la Caja, la necesidad de recurrir a los intereses será menor a partir del 2016, porque en el 2015 la contribución obrero-patronal aumentará de 8% a 8,5%, según los acuerdos de aumento escalonado adoptados en el 2005.

La pregunta es si los ingresos adicionales por el aumento de recaudación bastarán para restaurar a plenitud el régimen de capitalización, permitiendo un crecimiento de las reservas acorde con la demanda proyectada en un país cuya población envejece.

El descenso de las tasas de natalidad ya comienza a invertir la proporción entre jóvenes y adultos mayores, reduciendo el número de cotizantes e incrementando la demanda de pensiones. En 1960, el 3% de los ciudadanos eran adultos mayores. En el 2060, representarán un 25% de la población total.

Por eso es indispensable el crecimiento del IVM, única forma de evitar su paso de fondo de capitalización a fondo de reparto y, por último, a fondo deficitario y al descalabro del sistema de pensiones, con graves consecuencias para la estabilidad social.

La cantidad de fondos salidos de los intereses que generan las reservas del IVM crece desde el 2009, cuando la Caja se vio forzada, por primera vez, a adoptar la práctica para enfrentar el faltante, es decir, la diferencia entre cuotas cobradas y pensiones pagadas. Las autoridades tomaron ¢12.690 millones, un 12% de los fondos capitalizados por la reserva ese año. En el 2013, la cifra ascendió a ¢26.876 millones y ya los encargados dieron a conocer el desalentador prospecto de este año: ¢37.000 millones.

Desde hace años, Edgar Robles, cabeza de la Superintendencia de Pensiones, mantiene un intenso debate con la Caja sobre la sostenibilidad del régimen en las condiciones actuales y la necesidad de someterlo a reformas. En su momento, la Caja dijo confiar en la buena salud del IVM hasta el año 2037, pero la Superintendencia cree que la situación es mucho más precaria y advirtió que el uso de los intereses para pagar pensiones y aguinaldos debe interpretarse como una señal de alarma.

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En el 2010, el superintendente más bien aprovechó la utilización de los intereses para cuestionar los cálculos de la Caja sobre la sostenibilidad del régimen. “Lo que dicen que iba a verse en el 2025, ocurre ya”, señaló para reiterar sus críticas sobre el “maquillaje” aplicado, en su criterio, a las cifras de la Caja.

Según la Caja, la reserva del IVM comenzaría a decrecer en el 2028 y tocaría fondo en el 2040, salvo la oportuna adopción de reformas. Para Robles, el régimen enfrentará serios problemas desde el 2015 y hará crisis en el 2025. La diferencia entre ambos apunta a la mayor o menor urgencia de aplicar medidas correctivas.

En el 2012, la Contraloría General de la República también identificó “debilidades” en la administración de la reserva del IVM y señaló la posibilidad de que “no se esté reflejando en forma adecuada la situación económico-financiera del régimen”.

La Caja accedió a ordenar un nuevo estudio actuarial para dirimir las diferencias. Es una muy buena decisión. Las dudas, y los hechos, son suficientemente preocupantes para exponer la realidad sin tapujos y decidir sobre los ajustes que, a todas luces, parecen necesarios.

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