Opinión

EDITORIAL

Canadá encara el terrorismo

Actualizado el 26 de octubre de 2014 a las 12:00 am

Un país pacífico y democrático fue golpeado esta semana por dos alarmantes episodios de naturaleza terrorista

Los hechos ocurridos en Montreal y Ottawa revelan el papel abrumador del adoctrinamiento mediante la Internet

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Canadá, un país pacífico y democrático cuyos paisajes evocan imágenes escandinavas, fue golpeado esta semana por dos alarmantes episodios de naturaleza terrorista. El primero de ellos ocurrió el lunes en las inmediaciones de Montreal, bella y moderna ciudad de la provincia de Quebec, cuna del separatismo francés que periódicamente tiende a conmocionar la política nacional. El segundo atentado tuvo lugar el miércoles en Ottawa, la capital canadiense y sede de la filiación comunitaria británica a la cual pertenece la nación.

El común denominador de ambas acciones fue la intención de asesinar a miembros de las fuerzas armadas canadienses. Días antes, el Gobierno había proclamado en Ottawa su intención de unirse a la alianza liderada por Estados Unidos para efectuar bombardeos aéreos contra las posiciones del ISIS, conglomerado ultraterrorista islámico que combate tanto en Irak como en Siria.

La agrupación domina amplios territorios en esos dos países que ha refundido, al menos conceptualmente, en un califato cuyo monarca es el jefe del ISIS. Sus ramificaciones son globales, sobre todo a través de la Internet, medio principal para atraer yihadistas de todo el mundo que se integren a sus legiones guerreras.

Precisamente, se teme que los actores en Montreal y Ottawa fueron infectados por los románticos recuentos de la lucha islámica. Las investigaciones han sacado a luz los sueños de opio del ISIS y otros núcleos similares que han contaminado las mentes de infinidad de jóvenes occidentales, incluyendo canadienses y estadounidenses. Se habla, incluso, de latinoamericanos que también sucumben a diario a los delirios de esta cruenta aventura.

El lunes, en Quebec, algunos militares y policías caminaban por un parqueo cuando un vehículo intentó arrollarlos. Hubo disparos y dos de los oficiales cayeron heridos, uno de los cuales falleció en el acto. El chofer del vehículo también murió tras repetidos tiroteos. Informes iniciales consignaban dos pasajeros, pero, en todo caso, uno al volante no sobrevivió. Identificado por las autoridades, con 25 años de edad, poseía un amplio expediente y había declarado sus intenciones de viajar a Turquía. Hace pocos meses se convirtió al islamismo en una congregación cuyo líder es conocido por su constancia en reclutar futuros yihadistas.

El miércoles, en Ottawa, un soldado que hacía guardia en un monumento nacional fue ultimado por disparos de rifle a su espalda. El asesino corrió al vecino Parlamento, que en esos momentos atendía la visita del jefe de Gobierno. Anduvo por los corredores y se enfrentó a los policías encargados de la seguridad. Hubo disparos cuyo saldo fue la muerte de un oficial y, poco después, el invasor resultó muerto.

El terrorista fue identificado como un individuo psicológicamente desequilibrado que planeaba ir a Siria para unirse al ISIS. También era un ardiente islamista que pasaba horas enfrascado en la Internet, en sitios de movimientos radicales.

El recuento de los eventos revela el papel abrumador del adoctrinamiento mediante la Internet. Asimismo, puso en evidencia las fallas existentes en las tareas de resguardar la seguridad del país. Sin embargo, la lección fue abrumadora con respecto a cómo la ausencia de un promotor local para reclutar yihadistas era compensada por la Internet, incluyendo las redes sociales. De esta manera, el vacío anímico de innumerables personas, en especial las nuevas generaciones, encuentra remedio en los sueños de opio del extremismo islámico, que ofrece aventuras a unos y afanes bélicos a otros.

Un ejemplo adicional: el jueves, las autoridades, en el aeropuerto de Frankfurt, detuvieron a tres adolescentes norteamericanas, oriundas de Colorado, que ansiaban saciar sus deseos de aventuras con el ISIS en la guerra siria. Qué fatal simplismo y qué pérdida de talentos. Un ejemplo más de las fallas de la educación y, sobre todo, de los valores que deberían inculcar los hogares.

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