Opinión

EDITORIAL

Camino empinado

Actualizado el 24 de enero de 2015 a las 12:00 am

La disposición al gasto demostrada por el Gobierno fortalece la pertinencia de la figura del barril sin fondo para justificar la oposición a aumentar la carga tributaria

Lo prudente, en las circunstancias actuales, es hacer planes sin contar con la ampliación de la carga impositiva

Opinión

Camino empinado

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El Ministerio de Hacienda podría desistir de enviar al Congreso la reforma del impuesto al valor agregado (IVA) en la fecha anunciada el mes pasado. El proyecto está listo, dice el ministro, Helio Fallas, pero ha recibido consejo sobre la importancia de remitirlo a la Asamblea Legislativa junto con las reformas al impuesto sobre la renta, cuya elaboración no ha concluido.

La meta es tener la propuesta lista en marzo y, si priman los consejos recibidos, será enviada a los legisladores en un solo paquete con el IVA. El planteamiento se aparta de la estrategia anunciada a inicios de la administración, consistente en tramitar, en forma aislada, una serie de reformas tributarias puntuales.

Pero el consejo recibido por Hacienda es bueno. Comenzando el año, no hay ambiente para tramitar impuesto alguno. Además, el envío del IVA, por sí solo, despertará inquietud entre quienes lo consideran regresivo y esperan, a manera de compensación, una reforma en materia de renta. Planteadas en conjunto, las dos propuestas tienen mejores oportunidades de prosperar.

Sin embargo, nada garantiza un mejor ambiente en marzo. El ministro argumenta que el proyecto del IVA se parecerá mucho a la reforma intentada por la presidenta Laura Chinchilla. Quizá, al final, lo mismo pueda decirse de los cambios en el impuesto sobre la renta. En eso estriba la primera dificultad. La administración deberá explicar por qué iniciativas tan similares son buenas ahora, pero no lo eran durante el gobierno anterior, cuando quienes hoy las impulsan las combatieron con ferocidad.

Contra el éxito de Hacienda también conspiran las maniobras del Ejecutivo durante la tramitación del Presupuesto Nacional. El crecimiento del plan de gastos en un 19%, precedido de los ríos de dinero asignados a las universidades y el excesivo aumento salarial del sector público, puso en duda la voluntad de equilibrar las finanzas.

En nada contribuyó a despejar esos cuestionamientos la equívoca oferta de reducirle ¢160.000 millones al presupuesto sin disminuir realmente el gasto. Una vez analizada con detenimiento, se hizo evidente que la iniciativa simplemente posponía la amortización de deudas por ¢100.000 millones y congelaba ¢60.000 millones no ejecutados el año anterior. Otros ¢61.000 millones sí constituían ahorro de horas extras, viajes al exterior y viáticos, pero resultaban insuficientes.

La oposición a los nuevos impuestos se fundará en la desconfianza sobre la correcta inversión de los fondos, que representarían un esfuerzo demasiado grande de los contribuyentes para gastarlos con alegría. Y, en efecto, la disposición al gasto demostrada por el Gobierno fortalece la pertinencia de la figura del barril sin fondo, tantas veces socorrida para justificar la oposición a aumentar la carga tributaria.

De camino a la aprobación del presupuesto, se produjo una sucesión de pequeñas astucias políticas cuyo costo futuro debió valorarse con más detenimiento, hasta culminar con la aceptación del plan de gastos, sin recorte alguno, pese al voto contrario de la mayoría del Parlamento. No será fácil decir “borrón y cuenta nueva”.

El levantamiento del veto a la reforma laboral y el caso de la Procuraduría General de la República también enrarecen el ambiente legislativo y, en marzo, el Congreso se habrá adentrado en negociaciones para decidir el próximo Directorio. Nada le garantiza al gobierno la preservación del control y, si lo perdiera, tanto más difíciles serán las reformas propuestas por Hacienda.

Lo prudente, en las circunstancias actuales, es hacer planes sin contar con la ampliación de la carga impositiva. La subejecución y el ahorro parecen indispensables. La cuestionada aprobación del presupuesto, si a la postre resulta una victoria, casi seguramente podrá ser descrita como pírrica.

  • Comparta este artículo
Opinión

Camino empinado

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota