Opinión

EDITORIAL

Avance democrático en El Salvador

Actualizado el 09 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Los recientes comicios presidenciales en El Salvador constituyeron un progreso notable de la democracia en ese país

La segunda ronda electoral, el próximo 9 de marzo, impone a los partidos la necesidad de ofrecer programas de inclusión social creíbles

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Las elecciones presidenciales en El Salvador, celebradas el 2 del presente mes, constituyeron un avance notable de la democracia en esa nación.

Con el trasfondo de una historia plagada de dictaduras, golpes militares y flagrantes violaciones de los derechos humanos, además de una cruenta guerra civil, los comicios del pasado domingo subrayaron el camino de la democracia, impulsado por una serie de elecciones en la década anterior.

Para los Gobiernos del entorno centroamericano, las metas del mejoramiento económico y los esfuerzos para el desarrollo social que hoy prevalecen en la atmósfera política salvadoreña marcan derroteros encomiables. No obstante, las arraigadas diferencias sociales y la pobreza que ensombrece la vida diaria de millones de salvadoreños son realidades insoslayables en el análisis de los organismos financieros y la banca internacional. Tampoco se pueden ocultar las pandillas criminales y el azote de la violencia y el narcotráfico que afligen al país.

En la actual contienda por la presidencia, el FMLN, partido político en que se transformó la antigua guerrilla marxista patrocinada por Cuba y el sandinismo nicaragüense, ha avanzado por una ruta de moderación y enfoque social. Este camino fue trazado por el saliente gobierno de ese partido que ha presidido Mauricio Funes, popular excomentarista de radio. Cabe señalar que los candidatos previos del FMLN eran todos antiguos jefes de la guerrilla.

El hasta ahora vicepresidente de Funes, Salvador Sánchez Cerén, también comandó las guerrillas y, además, entre sus antecedentes está su labor como educador. Por otra parte, es conocida la pobreza económica que rodeó su niñez, así como también la modestia que denota su hogar.

En los recientes comicios, Sánchez Cerén se enfrentó al candidato del partido Arena, Norman Quijano, exitoso legislador y exalcalde de la capital del país, San Salvador. Arena es una agrupación de perfil conservador que venció en los tres torneos electorales previos, realizados con posterioridad a 1992, cuando se suscribió la paz que puso fin a la cruenta guerra que, por 12 años y con un saldo de 75.000 muertos, consumió al país.

El FMLN, en los años en que participó como guerrilla, encaró disputas internas alimentadas por interpretaciones divergentes del marxismo-leninismo. Sin embargo, dichas pugnas también mostraban un cariz personalista en la jefatura del movimiento.

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De toda forma, ya cuando ingresó al carril democrático como partido político, la cúpula ha mostrado una faceta que superó las disputas internas y asesinatos como el de Salvador Cayetano Carpio. Conforme el FMLN ha avanzado en las competencias electorales, ha ido ajustándose a los retos propios de la democracia. Estos cambios concluyeron en que, para triunfar, se necesitaban figuras menos polémicas. Ese fue el origen de la postulación de Mauricio Funes, que sí funcionó.

En las elecciones del pasado domingo, la estrategia fue exitosa gracias a la confianza en los programas de asistencia social que Sánchez Cerén prometió ampliar. Este giro atrajo a un vasto sector de las familias más humildes, para las que los temas del libre comercio son mayormente ajenos. En cambio, Quijano, si bien estableció compromisos en cuanto a las metas macroeconómicas de su eventual gobierno, se enfocó mayormente en sus objetivos de mejoramiento social.

Este contraste de programas se tradujo en la abrumadora superioridad electoral del FMLN frente al partido Arena, aún lesionado por conflictos internos. Sánchez Cerén obtuvo cerca del 49% de los votos, y Quijano, de Arena, alrededor del 38%. Las reglas de la elección establecen un mínimo del 50% más un voto para alcanzar la presidencia.

Este resultado implicó la convocatoria a una segunda ronda, el 9 de marzo, entre los dos partidos mayoritarios. El tercero en los comicios fue el expresidente arenista Tony Saca, que obtuvo cerca del 11% de la votación. Qué diferencia habría sido contar con esos votos, han voceado figuras de Arena.

Este desenlace impone a los partidos la necesidad de ofrecer al electorado proyectos de inclusión social creíbles, los cuales deberían ser, sin duda, el centro de la oferta programática y publicitaria de candidatos idóneos.

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