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EDITORIAL

Antesala presidencial

Actualizado el 18 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Las dos confrontaciones republicanas no depararon sorpresas. Ni siquiera hubo ocasión para una rayería retórica al estilo de Trump

En la primera edición demócrata, Hillary demostró firmeza en sus ideas y Bernie remachó sus fórmulas, que él denomina socialdemócratas

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Los debates entre los postulantes a la candidatura presidencial de los dos grandes partidos de Estados Unidos, el Demócrata y el Republicano, son ocasiones algunas veces memorables y muchas otras, de rutina. Un importante ingrediente de la presente campaña, con miras a las elecciones de noviembre del 2016, consiste en que será también la despedida del mandatario Barack Obama, demócrata negro de estirpe liberal y vocación populista, que ha evolucionado hacia el pragmatismo durante sus dos períodos en la Casa Blanca.

Existen diferencias notables entre los precandidatos demócratas y los republicanos, y las discrepancias se evidencian también entre los aspirantes de los respectivos partidos. Del lado republicano, el líder indiscutible es el acaudalado Donald Trump, a la cabeza de las encuestas y mayormente autofinanciado en su campaña. Trump es conocido también por sus series televisivas. En él predomina un estilo de matón de barrio, con escasas ideas, excepto las consignas antiinmigrantes.

Lo sigue de cerca el neurocirujano Ben Carson, de ideas conservadoras y connotado dirigente negro. La papeleta muestra más de una docena de pretendientes, pero muy dispersos y rezagados con respecto a la vanguardia. Entre ellos, los de tercera fila, se encuentra Jeb Bush, exgobernador de Florida y temprano favorecido por su apellido. Su desempeño ha sido flojo e incierto hasta la fecha.

Por su parte, en el Partido Demócrata, a la cabeza figura Hillary Rodham Clinton quien, aparte de ser la esposa del exmandatario Bill Clinton, en el 2008 fue precandidata y, luego de desempeñarse como senadora de Nueva York, ocupó la Secretaría de Estado. Su fuerza es evidente en el proscenio; se muestra desenvuelta y cerebral, tiene suficiente dinero en las arcas para seguir adelante en sus aspiraciones. Le sigue de cerca el senador Bernie Sanders, curtido político de Vermont, de vocación socialista. Nadie daba un dólar por su expedición en las grandes ligas, pero resultó tener garra y una retórica simple y contundente.

Las dos confrontaciones republicanas no depararon sorpresas. Ni siquiera hubo ocasión para una rayería retórica al estilo de Trump. Su atmósfera incolora tomó alguna velocidad con los insultos del polémico empresario a las presentadoras y la retadora Carly Fiorina. Qué lástima, porque hay aspirantes de mejor calidad que fueron relegados a una especie de matiné vespertino previo a la abigarrada tanda de las 8 p. m.

La primera edición demócrata, el miércoles, pronto se centró en Hillary y Bernie. Hillary demostró firmeza en sus ideas para mejorar las vidas de la clase media e hizo planteamientos para repartir entre los menos favorecidos algunas migajas del postre. Bernie remachó sus fórmulas, que él denomina socialdemócratas, propias de naciones como “Suecia y Dinamarca”, según afirmó. Con todo, tuvo piedad de Hillary y le hizo el favor de excluir del debate el escándalo de los correos electrónicos en que se encuentra inmersa.

Sin embargo, Bernie no explicó adecuadamente sus cambiantes tesis políticas y sus etiquetas electorales. Tampoco desenredó el ovillo que ha tejido en torno al derecho de portar armas durante su prolongada carrera política como independiente.

Pero nadie debe llamarse a engaño. La velada se la adjudicó Hillary, con una audiencia récord de 15 millones. Y, a la hora de las verdades, ella y Bernie poseen robustas bolsas de contribuciones. Y eso que apenas comienza la campaña.

Si Joe Biden tenía esperanzas de colarse para remediar los traspiés de Hillary, se quedó sin causa. Hillary también superó su alianza con Obama al objetar el Acuerdo Comercial Transpacífico y el oleoducto Keystone XL, proyectos de suma importancia para el actual presidente. Esperamos ansiosos el siguiente capítulo de los debates. Ojalá escuchemos ideas importantes para las relaciones hemisféricas, una diplomacia ausente en la actual administración.

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