Opinión

EDITORIAL

Amistad y respeto

Actualizado el 01 de julio de 2010 a las 12:00 am

La nueva amistad con la República Popular China es una conquista importante, pero debe desarrollarse en el marco del respeto mutuo

La política migratoria y su rol en la protección del mercado laboral figuran entre las reglas del juego impuestas a empresas locales y foráneas

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Costa Rica es un país abierto al comercio internacional y hospitalario para la inversión extranjera. Hay mucho por mejorar, pero la dirección es inequívoca, y La Nación ha sido su firme partidaria. La apertura, sin embargo, no implica renuncia al derecho de establecer políticas laborales y migratorias. La aclaración parece ociosa, pero se hace necesaria ante las protestas de la empresa Anhui Foreign Economic Construction (Chinafecc), por la probable denegatoria de cien visas a trabajadores chinos contratados para desarrollar un complejo inmobiliario en La Sabana.

“Si no quieren que una empresa extranjera entre al país, deberían decirlo directamente y no de la forma en que lo están haciendo”, declaró Cai Lin, vicepresidente de Chinafecc, en alusión al trámite de los visados. Ese no es el punto. La empresa es bienvenida, pero no la importación de mano de obra, quizá barata, para sustituir a trabajadores locales perfectamente calificados.

En buena hora la empresa china invierta, enseñe y cree puestos de trabajo en el marco de nuestra legislación laboral, incluyendo las normas básicas de seguridad, el respeto a los derechos consagrados en el Código de Trabajo y el pago de los salarios legales. En nuestro territorio, esas leyes rigen para los trabajadores nacionales y extranjeros. Son parte integral de las reglas del juego impuestas, por igual, a empresas autóctonas y foráneas.

La política migratoria y su rol en la protección del mercado laboral también son parte integral de las reglas del juego. La ley establece criterios para la concesión de visas de trabajo y uno de ellos es la falta de mano de obra idónea en el mercado local. La empresa alega criterios distintos, ajenos a la legislación pertinente, como el deseo de laborar tres turnos y aplicar sus propias metodologías de trabajo.

Nada en nuestras leyes impide las jornadas nocturnas y mixtas, mientras se observen los regímenes especiales dispuestos para el trabajo en esos horarios. En cuanto a las metodologías, la empresa debería especificar en qué consisten y por qué las considera más allá de la comprensión del trabajador costarricense. El Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos ya examinó los planos de la obra proyectada, sin encontrar en ellos características extraordinarias, aptas para justificar un grado de especialización imposible de obtener en el país.

Las declaraciones del vicepresidente de la empresa china abonan la tesis. Luego de protestar por el supuesto interés de impedir el ingreso de su compañía al mercado nacional, el empresario anunció la intención de llevar el proyecto de La Sabana a buen puerto, pese a la ausencia de trabajadores extranjeros. La abogada de la empresa propietaria del proyecto también confirmó que esa mano de obra no es indispensable.

El señor Cai Lin cuestiona, además, la inexistencia de obstáculos similares para los trabajadores nicaraguenses. Habla sin saber. Durante el reciente boom de la construcción, la industria hizo constantes y poco exitosas gestiones para la concesión de permisos laborales a inmigrantes del país vecino, cuyos brazos eran necesarios para satisfacer la demanda. Ni siquiera en esas circunstancias obtuvieron la respuesta deseada. En consecuencia, los empresarios se muestran extrañados por las iniciales recomendaciones favorables a la emisión de las 100 visas solicitadas por Chinafecc, ahora que la expansión inmobiliaria encontró freno y existe desempleo entre los trabajadores del ramo.

Chinafecc también debe saber que compartimos con Nicaragua una extensa frontera y profundas relaciones históricas y familiares. Existe, además, un especial interés de Costa Rica en la estabilidad del país vecino. Si alguna migración merece preferencia, es la nicaraguense, y Costa Rica tiene derecho a decidirlo como nación soberana.

Esas son las razones de orden general, pero, en el caso específico, la empresa china solicitó visas para administradores, electricistas e ingenieros. Esos no son los perfiles característicos de la esforzada inmigración nicaraguense, tan importante para nuestra economía en áreas como la agricultura y, también, la construcción.

La nueva amistad con la República Popular China es una conquista importante de nuestras relaciones exteriores. Es necesario desarrollarla en el marco del respeto, y para conseguirlo, resulta indispensable el conocimiento mutuo.

Cuando la relación apenas se estrenaba, las autoridades chinas aprendieron sobre nuestro rechazo al secreto en la Administración Pública. La Sala Constitucional obligó al Gobierno a revelar las condiciones de la inversión de $300 millones en bonos nacionales. La República Popular había insistido en mantener el endeudamiento en absoluta reserva, pero Costa Rica no pudo complacerla, pese a la amenaza, advertida por el gobierno de turno, de una posible pérdida de los recursos.

Hoy, nuestro embajador en Pekín, Antonio Burgués, rechaza con firmeza las presiones recibidas para otorgar las visas, y la ministra de Trabajo, Sandra Piszk, se muestra inflexible en la defensa de la política laboral y migratoria. Los cónsules en la capital china, Roberto Céspedes y Mónica Cruz, cumplen el ideal del funcionario reacio a recibir regalos de la empresa interesada en los permisos migratorios.

El señor Cai Lin manifiesta que Chinafecc está decepcionada y podría variar sus planes de desarrollar más proyectos en el país. Es un riesgo que podemos y debemos correr. Las metodologías –para utilizar palabras del empresario– son diferentes y es bueno dejarlo bien asentado.

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