Opinión

EDITORIAL

Amistad con China

Actualizado el 06 de junio de 2013 a las 12:00 am

La cooperación económica y cultural son bases sólidas para cimentar la amistad entre naciones, pero la construcción de esos vínculos debe presidirla el respeto mutuo

Los costarricenses debemos observar el desarrollo de la política exterior para exigirle fidelidad a los valores de nuestra nacionalidad

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Costa Rica goza de un bien ganado prestigio como defensora y practicante de la libertad y el respeto a los derechos humanos. Esas virtudes le confieren en el concierto de naciones una influencia desproporcionada con respecto a la extensión de su territorio, el tamaño de su población y el peso de su economía.

Por eso la oferta de apoyar a la República Popular China en sus esfuerzos por fortalecer las relaciones con América Latina no es una promesa hueca. El aporte de nuestro país puede ser importante. Eso no nos exime de meditar con cautela sobre los alcances del compromiso y su consonancia con los valores que nos convierten en un socio deseable.

China es un paquete complejo. Hay en ella una economía pujante, a punto de entronizarse como la más grande del planeta. Los enormes recursos a su disposición permiten financiar importantes programas de cooperación con los países en desarrollo. Son iniciativas especialmente atractivas para naciones como la nuestra, ubicadas en el limbo de los países de ingresos medios, demasiado ricos para aspirar a la cooperación del mundo desarrollado y demasiado pobres para no necesitarla.

También, China es un país de admirable profundidad cultural y sus nexos con Costa Rica son visibles desde hace muchos años. La colonia china costarricense es fuente de grandes aportes al desarrollo y su influencia trasciende la economía para manifestarse en la academia, la ciencia, el arte y la política.

Pero China es una nación muy distante de las tradiciones costarricenses en el ámbito de las libertades públicas y los derechos humanos. Esas diferencias han sido fuente de desacuerdos en los foros internacionales. No hay otra forma de ser fieles a los valores esenciales de nuestra nacionalidad y China debe comprenderlo.

La cooperación económica, el comercio y el intercambio cultural son bases sólidas para cimentar la amistad entre naciones, pero el proceso de construcción de esos vínculos debe presidirlo el respeto mutuo. En él se incluye la comprensión de lo que el amigo no puede hacer. Abandonar la defensa de la libertad y los derechos humanos sería mucho pedir a nuestro país.

La cercanía económica y cultural con China no debe alterar nuestro rumbo o hacernos caer en la contradicción y la incoherencia. Por eso debemos pensar con detenimiento sobre lo que estamos dispuestos a promover cuando acompañemos al gigante asiático “a generar otras amistades en la región”, para emplear las palabras del canciller Enrique Castillo.

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Es esencial definir la extensión del compromiso asumido y los límites impuestos por los mismos valores que nos dan la posibilidad de cumplirlo. La influencia de Costa Rica en América Latina y el mundo, es preciso decirlo con franqueza, sería mucho menor si en mala hora hubiéramos adoptado el sistema de gobierno vigente en la gran potencia oriental.

Los desacuerdos surgidos a partir del establecimiento de relaciones diplomáticas no siempre han sido resueltos en consonancia con los valores nacionales. Eso justifica la llamada de atención ahora que nos ofrecemos a servir de catalizador para los vínculos de China con la región.

Apenas nacida la nueva relación con la República Popular, el Gobierno costarricense se vio en la incómoda posición de mantener secretos los detalles de una compra de bonos porque la discreción estaba entre las condiciones impuestas por China. El Estado oriental puede hacer semejantes transacciones en secreto, pero al costarricense le está prohibido endeudarse sin enterar a la ciudadanía de las condiciones, no importa cuán favorables sean. Así resolvió la Sala Constitucional el conflicto en cuyo trasfondo está el derecho de los ciudadanos de una nación libre a conocer en detalle las actuaciones de su gobierno. La cancelación de la visita del dalái lama, una vez bienvenido en Costa Rica, es otro incómodo ejemplo de complacencia, y hay más.

En todo momento, los costarricenses debemos observar el desarrollo de nuestra política exterior para exigirle fidelidad a los mejores valores de la nacionalidad que nos enorgullece.

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