Opinión

La economía a revisión

Actualizado el 22 de enero de 2005 a las 12:00 am

El desarrollo del país requiere una visión interdisciplinaria

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Al inicio del 2005, como cada año, economistas y otros especialistas examinan el desempeño del país y hablan de las perspectivas para los siguientes 12 meses. La mayor parte de los que se mueven en el campo económico aplican su instrumental e indicadores de costumbre y sus observaciones más relevantes giran en torno a la estabilidad de la economía, la producción y, tocan en el área social, pobreza y desempleo. Con estos aportes las recomendaciones a quienes corresponde decidir suelen explicitarse, si no es que ya vienen claras, de la mano de los propios análisis.

En los últimos años algunas se repiten con machacona insistencia: corrección del crónico déficit fiscal -sobre todo control del gasto-, mejorar la competitividad del país con políticas de atracción de inversiones, continuar posicionando al país con los instrumentos del libre comercio -ahora con el CAFTA- y, en ese marco, seguir impulsando a la empresa privada para mejorar el crecimiento productivo, de las exportaciones y del empleo.

Más allá del esquema. Si este es, de forma resumida, el esquema repetido año con año -desde hace 20, al menos-, para valorar lo hecho y recomendar lo que queda por hacer, ¿por qué no acaba de producir los efectos deseados y el país no termina de arrancar? ¿Por qué no solo no se logra la tasa sostenida de crecimiento, sino que se empeora la distribución de sus beneficios? ¿Por qué un sector de la población sí parece beneficiarse notablemente de las medidas económicas, mientras no sucede lo mismo con la gran mayoría? Algunas respuestas, desde hace tiempo, han apuntado a la insuficiencia de las reformas realizadas.

Hay analistas y políticos que ven timidez en las medidas de liberalización de la economía y la prevalencia de grupos de presión que impide -dicen- eliminar los obstáculos para aplicar el "modelo" en todos sus alcances. Otros, sin excluir lo anterior, apuntan más bien al plano de los fallos personales: los de diputados y gobiernos con baja credibilidad y representatividad, incapaces de pensar los intereses de la población como un todo. Y los de algunas figuras de la empresa pública y privada que han contribuido a hacer de la corrupción una práctica que debilita al erario, a los propios partidos y hiere trágicamente la confianza social. Otros, en fin, hablan del agotamiento de una estrategia de crecimiento que no responde a los intereses de todos e insisten en la necesidad de construir un nuevo "pacto social".

Hay que rescatar la parte de acierto que puede existir en cada una de esas explicaciones. Pero ¿por qué no considerar también otra más? ¿Por qué no examinar si el uso que se hace de la economía como instrumento de análisis y como base de recomendaciones de políticas públicas es, más que el remedio, causa importante del problema?

¿Por qué se desbarra? A nivel técnico, es indudable el avance conseguido en las últimas décadas por el análisis económico, sobre todo en determinadas áreas. Ahí no está lo preocupante. Es cuando los practicantes de la economía pasan de lo técnico a lo científico, de lo parcial a lo total, cuando caen en peligro de desbarrar. Su habitual desliz es ignorar todas las variables -políticas, ambientales, éticas, culturales-, que influyen en la explicación tanto del desarrollo como de las mismas realidades económicas: crecimiento, competitividad, desigualdad, etc. El peligro es mayor si se pretende internalizar esas variables externas dentro del mismo marco de la economía. Un ejemplo claro de ese error se dio al elaborar una rama de "economía ambiental", que trata de internalizar en el cálculo mercantil efectos ecológicos considerados antes como "externalidades". Se evadía así el reto más hondo que consiste, no en incorporar al análisis convencional económico los factores no económicos, sino en integrar y subordinar lo económico al sistema más amplio, humano cultural, ecológico. Este nuevo enfoque racional lo plantean hoy desde autores notables como Amartya Sen, hasta el propio Banco Mundial.

En términos prácticos, para no repetir el esquema anual de recomendaciones no cumplidas, lo que hay que cambiar es la rutina actual de análisis económico y ejecución política. El desarrollo del país -al cabo no es otra cosa a la que tomamos el pulso cada año- debe conducirse por una visión interdisciplinaria, -al servicio, además, de los intereses de todos los sectores-. A las prioridades que así se definan y a los análisis que así se produzcan, deben subordinarse los aportes de las políticas comerciales y, por supuesto, el funcionamiento de un consejo económico.

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