Opinión

¡Qué dicha!

Actualizado el 23 de junio de 2003 a las 12:00 am

El síndrome EPL nos contagia

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Enrique Peñalosa Londoño nos visitó hace unos días y pocas veces se ha visto tal cúmulo de editoriales, artículos, comentarios y conversaciones sobre San José, su decadencia y la necesidad de su florecimiento. Asistieron a escucharlo ministros, empresarios, políticos, munícipes, intelectuales y mucha gente que lo que tenían en común era ser ciudadanos. Qué gusto comprobar que el interés por la ciudadanía josefina empieza a recuperarse como un valor, que jamás debió perderse.

Se es romano, veneciano o genovés antes que italiano, lo que no les impide ser universales. Por acá, desgraciadamente, se escucha cada vez menos, el “soy cartago”, de Alajuela o palmareño, como un distintivo que, a la vez, identifica y compromete. Saint-Simon abandonó su condición y título de conde por el de ciudadano, por considerar que le aportaba mas distinción que aquel.

Ejemplos universales. Las grandes ciudades, las que se recuerdan, las que han producido talentos y pensamientos, fueron la iniciativa de generales victoriosos o príncipes iluminados que las engrandecieron con plazas, parques, obras de arquitectura y de otro tipo para solaz de sus habitantes. Estaban convencidos de que la nación sería grande por sus ciudadanos. Más cerca de nosotros, se recuerda al presidente Mitterand por sus “Grandes Trabajos” que, un siglo después del barón Haussmann, dieron una nueva fisonomía a París. Jaime Lerner en Curitiba y, mucho después, Peñalosa en Bogotá, convirtieron en ejemplos universales sus ciudades y aportaron para América Latina un reconocimiento excepcional.

Pero ¿qué tiene Peñalosa para atraer la atención? Es el virus EPL con el que afortunadamente contagia. Su discurso estudiadamente directo y sencillo reveló su formación pragmática en los EE. UU. y, especialmente, la sensibilidad de quien estudió historia en Francia, donde disfrutó las delicias de la ciudad europea. Una experiencia que, unida a la calidad arquitectónica de Bogotá, lo llevó a convencerse del valor de las aceras y de los centros urbanos. En suma, un hombre para quien la ciudad, su arquitectura y sus espacios públicos son valores culturales que distinguen y ennoblecen. Entiende que no podemos tener la columnata de Bernini acá, pero sí, y con valor equivalente, una alameda tropical o un espacio urbano a la sombra para el disfrute popular.

Como realismo mágico. Con un currículo de obras que rayan en el realismo mágico, a razón de un parque por día durante tres años, del Transmilenium que transporta cada vez más personas que dejan sus autos en casa, de las ciclovías (que mal se pueden adaptar a la lluviosa San José), para concluir con un programa de escuelas y bibliotecas públicas encomendadas a destacados arquitectos que diseñaron estupendos edificios que hoy enorgullecen al exalcalde por su arquitectura tanto como por su obra. Los recursos para estas obras vinieron, entre otros aportes, de una mejor recaudación de impuestos y de una entusiasta participación voluntaria de la ciudadanía agradecida.

La ciudad es un hecho social complejo, probablemente el más complejo de todos, en el que se dan cita lo social, lo económico, lo ambiental, la arquitectura, el urbanismo y las expresiones culturales y cívicas de un pueblo. Todas las decisiones que se tomen en estos sectores repercuten en la ciudad. Los que se han atrevido a participar en el desafío de engrandecerla y han tenido éxito, la sociedad se lo reconoce, y a los que la han abandonado, la sociedad se lo reclama.

A pesar de que muchos conocen el contenido técnico de la exposición de Peñalosa, lo que es realmente valioso de esta visita es la magnitud de la intervención urbana y su entusiasmo que nos estimula para sacar a nuestra ciudad de la decadencia. Esto lo aprovechará la Comisión de Regeneración y Poblamiento de San José, que está promoviendo pasar de una acupuntura urbana, practicada por la alcaldía, a resultados en grande, para lo cual es necesario dar autoridad y jerarquía, coordinar tareas nacionales y hacer converger objetivos. Esperamos que este virus no encuentre resistencia y contagie a la mayor cantidad posible de personas, en especial a inversionistas y funcionarios.

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