Opinión

Una consecuencia de la moda

Actualizado el 24 de mayo de 2007 a las 12:00 am

La despoblación y la repoblación de la ciudad oscilancon las modas

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En una sociedad de consumo, los hábitos se pautan generalmente de acuerdo con la “moda”, que no es otra cosa que la manera en que el sector privado reinventa sus productos para posicionarlos en los nichos de mercado que ya ha conquistado, así como en otros nuevos.

Si bien es cierto que esta tendencia atenta contra los valores democráticos de desarrollo sostenible, de uso racional de los recursos y de inclusión social, ya que acelera la obsolescencia de los bienes de consumo, en virtud de razones superficiales, puede haber casos en los que sea útil para revertir estilos de vida que han sido negativos.

En la década de 1970, las clases económicamente acomodadas pusieron “de moda” el desarrollo de soluciones habitacionales en sectores ajenos a la ciudad. Ante esta tendencia, también la clase media se apropió de una serie de premisas falsas como, por ejemplo, que vivir lejos del centro era más cómodo, más seguro y más adecuado para la familia.

Calidad a pique. Con los años, esa gran mayoría de josefinos que emigraron hacia áreas periféricas, cuya urbanización rebasó los límites que se habían fijado para el crecimiento de la mancha urbana –lo que puso en peligro la sostenibilidad ambiental, los mantos acuíferos, el patrimonio paisajístico y la biodiversidad del Valle Central–, se encontraron viviendo en residenciales inconexos, construidos como laberintos, carentes de espacios públicos que permitiesen la integración social, y con problemas para el acceso a servicios básicos.

La calidad de vida, por ende, se fue a pique. Las personas se dieron cuenta de que vivían en enclaves dormitorio, sin vida social y sin identidad propia, que además les obligaban a pasar grandes cantidades de tiempo en autos o transportes públicos para llegar a sus lugares de trabajo, lo que causó desintegración familiar, ausencia de espacios para el enriquecimiento personal y cultural, y una enorme erogación en combustibles y desplazamientos.

Hasta hace poco tiempo, la mayoría de la gente pensaba que repoblar San José era poco más que una utopía. Sin embargo, los mismos que no creyeron en el esfuerzo municipal por rescatar la ciudad son los que ahora acusan al ayuntamiento de promover, exclusivamente, el desarrollo de viviendas de lujo en el modelo de altura y alta densidad, especialmente en los alrededores de La Sabana.

Regeneración y repoblación. Esto es, simplemente, una falacia, ya que el sector prioritario para la regeneración y la repoblación se ubica en los cuatro distritos centrales capitalinos, en los cuales se ejecutan iniciativas como “San José Posible”, cuya intención es crear las condiciones necesarias para que la empresa privada que ahora invierte en condominios de lujo, desarrolle también, en el futuro cercano, proyectos habitacionales y comerciales para las clases media y media baja en el casco central josefino, que podrían ser, incluso, más rentables, debido al dinamismo y cantidad de posibles interesados (profesionales y técnicos jóvenes que trabajan para el Estado y sus instituciones, para las empresas privadas de servicios y para el turismo).

Sería mezquino desconocer la apuesta del sector privado por la capital, aunque todavía esté adscrita a las personas con más recursos económicos. Si este tipo de renovación urbana tiene éxito, vivir en San José volverá a ser atractivo, lo que garantizará la viabilidad de regenerar y repoblar el centro.

De este modo, quienes, equivocadamente, buscaron una mejor vida en la periferia, regresarán para recomponer el tejido urbano de una ciudad que ofrece infraestructura, servicios, arte, educación, salud y cultura, en un espacio humano de integración de la diversidad y de inclusión social. En otras palabras, cuando quienes tienen una mejor posición económica prefieran vivir en San José, la ciudad volverá a estar “de moda”.

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