Opinión

Mi visión del remezón cambiario

Actualizado el 03 de julio de 2017 a las 10:00 pm

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Mi visión del remezón cambiario

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Mi visión de las causas del remezón cambiario es muy distinta. Se remonta a tres años atrás, con la campaña a favor de devaluar montada por grupos de presión, economistas de oposición, algunas cámaras y un sector de la prensa. Poco a poco minaron las bases de la estabilidad y abonaron el terreno para cultivar la crisis. Hubo quienes exigían devaluar aun cuando el mercado era superavitario. Fue la causa primaria de la crisis. Malos patriotas.

Decían que la política cambiaria era de tipo de cambio fijo y el colón estaba sobrevaluado. Pero ni el Banco Central ni el Fondo Monetario (con mucho más experiencia) compraron los argumentos. Ambos afirmaban que el tipo de cambio estaba alineado con los fundamentales. Entonces, ¿por qué perdíamos reservas?

A finales del 2016 variaron los términos de intercambio y el mercado se tornó deficitario. El BCCR flexibilizó el mercado, pero subestimó el efecto en la demanda de divisas por la caída de la prima por invertir en colones. La inflación comenzó a subir y las tasas de interés se rezagaron. Al notarlo, la gente empezó a dolarizar sus ahorros, demandar más divisas y el Central cedió reservas. Esa es la segunda explicación. Los críticos, sin embargo, la menospreciaron y se empecinaron en decir que el problema seguía siendo cambiario. Pero el FMI les enmendó la plana.

En una reunión a la que yo asistí, aseguró que la pérdida de reservas no se debía al nivel cambiario, pues estaba alineado con los fundamentales (anexo 1 de su informe), sino a las bajas tasas de interés que estimulaban la compra de divisas para ahorrar en dólares. No obstante, la campaña contra el colón se intensificó. La crisis de mayo fue, para mí, provocada deliberadamente, pues los fundamentos de la economía no habían cambiado (el Central afirmó en El Financiero tener algunas sospechas). La especulación es la tercera razón.

Reconozco que el BCCR titubeó al ajustar tasas e intervino tardíamente para parar la especulación. Pero, cuando lo hizo, actuó con vigor y arregló el problema. Irónicamente, los críticos aún consideran que es el único culpable. Para mí, la culpa es compartida. Hubo lentitud e imprevisión oficial, pero también avaricia particular, subversión y cálculo político. El Central, sin embargo, se podrá reivindicar si en los próximos 12 meses la inflación cumple las metas (3%), el tipo de cambio se ajusta a las expectativas (3,5%) y mantiene un razonable nivel de reservas. Entonces, habrá ganado la batalla; si no, perderá credibilidad.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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