Por: Nuria Marín Raventós 20 noviembre, 2016

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fecha propicia para reflexionar sobre las múltiples formas de agresión que muchas sufren.

Usualmente, la discusión se concentra en dos tipos de violencia: física o sexual, que a hoy, en pleno siglo XXI, sufre una de cada tres mujeres en el mundo, según datos de las Naciones Unidas.

Se aprovecha mundialmente este día también para sensibilizar sobre temas como la violencia sexual en el matrimonio, la trata de personas, la mutilación de órganos genitales, el matrimonio de niñas y los homicidios por honor.

Hoy quiero mencionar otro tipo de violencia de la cual se habla poco, pero es igualmente grave, como lo es la financiera. En momentos en que como país apostamos por el empoderamiento económico de las mujeres como mecanismo de mayor igualdad, el asunto cobra relevancia.

La violencia financiera, al igual que otros tipos de violencia, es un mecanismo para ejercer poder y control en la relación de pareja. Muchas veces comienza de forma sutil y progresa a lo largo de la relación. Como señalé, es una fórmula para controlar, aislar y debilitar.

Entre las tácticas de la violencia financiera están el control de cómo se gasta la plata disponible, la retención de dinero o la utilización de una mesada que el otro gira a discreción, privar a la persona de recursos mínimos para comida o medicinas, evitar que la pareja tenga un trabajo o ingreso propio, e incluso disponer de la identidad, dinero, bienes o fuentes de crédito de la otra persona, entre otros.

En una relación saludable y sin violencia, lo deseable es que la pareja tenga igual acceso a la información financiera familiar, aunque sea uno de ellos el que maneje el día a día. Igualmente que las grandes decisiones financieras, adquirir, vender o gravar un bien familiar sea el resultado de una decisión conjunta y no unilateral, siendo irrelevante si hay un único o mayor proveedor del hogar.

Idealmente, ambas personas, sea que las dos trabajen o solo una de ellas, deberían tener acceso a dinero sin tener que pedir constantemente el permiso de la otra, y no es conveniente que haya actuaciones o gastos importantes entre las parejas que se mantengan ocultos.

Las relaciones libres de violencia son una base fundamental para familias saludables y felices.