Por: Armando González R. 15 julio

En Afganistán, extremistas talibanes combaten las campañas de vacunación a balazos. Las vacunas son obra de los infieles, impuras e impías. En consecuencia, Afganistán y el vecino Pakistán, donde el extremismo también tiene adeptos, son dos raros casos de países afectados por la poliomielitis. Es una enfermedad propagada por la ignorancia.

Estudiosos de la religión musulmana son los primeros en denunciar la negación de la ciencia. Los radicales empeñados en combatir las vacunas, dicen, demuestran desconocimiento de las enseñanzas islámicas y de los principios religiosos. El mal brota de la ignorancia, no de la fe.

Es mucho más difícil comprender el menosprecio a la ciencia en sociedades avanzadas. Tampoco allí la ignorancia está erradicada. Asusta, sin embargo, verla revolotear sobre el escenario de un debate presidencial en la principal potencia tecnológica, científica, económica y militar del planeta.

Ni la ciencia médica, plasmada en las vacunas, ni la ciencia del clima, se salvaron del maltrato, a la postre ganador en las urnas. En los últimos meses, nos vemos tentados a volver la vista hacia Europa, donde los Macron y las Merkel ofrecen una esperanza. Por eso es desolador constatar que allí, también, campea la ignorancia.

El sarampión cobró 35 vidas en el Viejo Continente durante el último año. La gran mayoría de muertes ocurrió en Rumanía, pero hay casos en Alemania, Portugal e Italia, donde unas 3.000 personas contrajeron la enfermedad en el mismo periodo. La Organización Mundial de la Salud atribuye el fenómeno a los padres reacios a vacunar a sus hijos.

En Costa Rica, donde la resistencia a la vacunación es menor, el sarampión está erradicado desde 1999, último año de registro de un caso autóctono. Nuestros niños son vacunados a los 15 meses y a los 7 años. También dejamos de sufrir, gracias a la ciencia, los flagelos de la polio. Nuestras tasas de vacunación superan el 90% y por ningún lado se ven las consecuencias negativas atribuidas a las vacunas por minorías oscurantistas en otras partes del mundo.

No falta, en este país, quien difunda esas prédicas. El sistema de seguridad social y la atención médica universal a madres y niños es un antídoto eficaz. No hay mejor medio para divulgar los beneficios de las vacunas. Sin embargo, nadie está exento de sumarse a la difusión del conocimiento, como lo evidencia el pequeño porcentaje de nuestra población todavía descubierto.

Armando González es director de La Nación.