Por: Jorge Guardia 24 marzo, 2015

En estas mismas páginas se pidió al Banco Central modificar radicalmente sus políticas para colocar la estabilidad externa de la moneda, en términos reales, como una de las metas centrales de su política económica, y devaluar un 30% para restablecer la competitividad. Yo pienso que sería un error. Afectaría la inflación, las pérdidas operativas del BCCR, e implicaría cuestionar el nivel del tipo de cambio actual.

Imponer una política de tipo de cambio real equivaldría a regresar a las minidevaluaciones. ¿Por qué? Porque lo que hacían las “minis” era ajustar el tipo de cambio nominal por los diferenciales de inflación para mantener el tipo de cambio real. No quisiera que don Francisco de Paula Gutiérrez nos jalara las orejas por haber sido él quien auspició el abandono de las minis para pasar, eventualmente, a la flotación administrada.

¿Por qué se enterraron las minis? Porque afectaban la programación monetaria, comprometían la estabilidad de precios (razón de ser del Banco Central), le trasladaban a él el riesgo cambiario, estimulaban la dolarización, exigían mayores tasas de interés en colones en detrimento del crédito y producción, y mediante el mecanismo de traslación de los precios externos denominado pass through elevaban el IPC. Si resucitaran las minis de la tumba, nos asustarían.

Si el Banco Central tuviera que seguir fungiendo como comprador de divisas de última instancia para proteger al sector exportador y el turismo, afectaría sus pérdidas de operación, lo que implicaría más inflación en el futuro y una traslación de recursos de los sectores más vulnerables de la población a los más holgados financieramente. No creo que los actuales altos funcionarios del Banco Central ni su Junta Directiva estén dispuestos a retroceder en la modernización.

Sin embargo, debemos reconocer y dar crédito por señalar que el colón se ha apreciado. Mejorar la competitividad es, entonces, el principal reto empresarial. También es importarte indagar por qué se apreció la moneda y saber si el tipo de cambio actual está sobrevaluado; es decir, si no es de equilibrio y, por tanto, lo sostiene artificialmente el Banco Central a punta de reservas.

Yo creo que no. Más bien, estoy persuadido de que el tipo de cambio se asienta en sus “fundamentales”. Me baso en el razonamiento y las decisiones más recientes del Banco Central, en especial en la oferta de divisas y las entradas de capital, y el criterio técnico del FMI.

Pero como esta columna es tan corta, tendré que diferir la respuesta hasta la próxima entrega.

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