Por: Nuria Marín Raventós 8 mayo, 2016

Las salidas de Ted Cruz y John Kasich convierten a Donald Trump en el virtual candidato del partido republicano, con una posición de privilegio frente a los demócratas aún inmersos en su contienda interna.

Contra todos los pronósticos, quien fuera percibido como un fenómeno mediático de corta data, superó a una decena de contendores, entre ellos a los Bush, una estirpe política con amplias conexiones.

El fenómeno Trump es complejo y rico en causalidades: un excesivo número de candidatos, la escasez de liderazgos fuertes, las divisiones en el partido, el desencanto hacia la política e incluso el que se hubiere subestimado su candidatura.

Hábilmente explotó su reconocida marca y condición de personalidad mediática (ej. The Apprentice ), su trayectoria empresarial y su abultada fortuna personal. Solo en publicidad, invirtió $2.000 millones.

Utilizó diversos focos de enojo y preocupaciones del electorado, especialmente de los hombres blancos de edad media y sin educación universitaria, a quienes conquistó mediante la promesa de crear mejores empleos y regresar a un EE. UU. fuerte: Make America Great Again.

Trump será ratificado en la convención republicana a mediados de julio, pero su carrera por obtener los 270 votos del Colegio Electoral necesarios para el triunfo ya se inició. El obtenerlos no será sencillo.

Sus mensajes, algunos xenofóbicos y misóginos que redituaron en votos en las primarias, lo convierten en la nacional en un candidato con altos desfavorables y una figura altamente polarizante. Un ejemplo claro son las mujeres a quienes en pocos meses ha logrado alienar al punto que el 75% afirma que nunca votaría por el.

Resulta interesante que en la nacional no solo estará en juego la campaña Trump-Clinton, precandidata a quien matemáticamente se le reconoce un 95% de posibilidades de ser electa, también entrarán en juego las fuerzas anti-Trump, algunas provenientes del mismo partido republicano.

Más allá de Estados Unidos, Trump despierta preocupación en algunos ciudadanos del mundo, por su promesa de una política exterior fuerte, lo que podría significar una inclinación a lo militar y al unilateralismo, cuestionar los términos de defensa con aliados históricos como Japón y Corea del Sur, lo cual podría invitar a una carrera armamentista y nuclear y promover una política comercial proteccionista. Esto último sería especialmente perjudicial para Costa Rica.

Nuria Marín Raventós es licenciada en Derecho por la Universidad de Costa Rica y máster en Artes Liberales por Harvard University. Es cofundadora y vicepresidenta del grupo empresarial Álvarez y Marín Corporación.