Por: Fernando Durán Ayanegui 27 noviembre, 2016

Reencarnado en el pequeño marciano que llevamos dentro, resucitó Voltaire para indagar sobre el rumbo que lleva en nuestro tiempo el alma de Occidente, pero de entrada no entendió ni jota de lo que hoy acontece. “Todo anda más patas arriba que cuando lo dejé”, pensó y se dirigió a la biblioteca más cercana, tomó un libro de historia universal y se dispuso a leer el capítulo titulado Desde un fracaso inicial de la Ilustración en 1769, hasta el triunfo definitivo del fascismo en el 2016.

Antes de iniciar la amarga lectura, el marciano Voltaire se hizo esta composición de lugar: “No importa cuán objetiva pueda ser, si esta historia fue escrita por miembros de la especie humana, es tan confiable como las antiguas leyendas de los griegos sobre los dioses del Olimpo; aun así, podré sacar de ella una que otra orientación medio orientadora”.

Fue así como, tras confirmar en el inicio del texto su creencia en que el primer fracaso político bien documentado de la Ilustración ocurrió en 1769, cuando la invasión absolutista francesa borró de golpe el prometedor experimento cuasi republicano de la isla de Córcega, el marciano Voltaire recuperó la fe al enterarse de que la revolución americana de 1776 rescataría la causa de la Razón creando un sistema democrático burgués que, lamentablemente, más tarde sería pervertido en Europa por un narcisista llamado Napoleón Bonaparte.

“Vaya, un gol gringo para la Ilustración”, pensó en prosaica vena deportiva, no sin deplorar que la esclavitud continuase vigente tras aquel destello democrático; pero varios párrafos más adelante supo que la esclavitud sería sepultada por Lincoln junto a los muertos de la Guerra Civil. “¡Segundo gol gringo!”, dijo entusiasmado.

Leyó el marciano que la siguiente gran amenaza para la herencia de la Razón fue el nazismo, y que los americanos contribuyeron a derrotarlo. “Tripleta gringa”, pensó, pero le causó estupor saber que unos setenta años después llegaría al poder, en Estados Unidos y por vías vagamente democráticas, Trump, un racista ginefóbico con aires de querer implantar en su país un régimen comparable al intentado por Hitler.

Sin embargo, el optimista Voltaire no aceptó la derrota de la Razón: falleció de nuevo, aferrado a la certeza de que Estados Unidos despertará de la horrible pesadilla y, mediante una pronta destitución del Monstruo, anotará el cuarto gol de la Ilustración.