Por: Jaime Daremblum 1 febrero

Donald Trump no cesa de concebir decisiones polémicas. Algunas desembocan en escándalos, en tanto otras, calificadas como de housekeeping, se cuelan en las páginas interiores de los diarios. Ahí, tras unos días, suelen desaparecer, excepto aquellas que cargan dinamita y saltan a primer plano. Algo así ha sucedido con un cintillo sobre la reorganización del Consejo Nacional de Seguridad (CNS) de la Casa Blanca que asesora al presidente.

La noticia salió discretamente en The Guardian el domingo y en primera plana del New York Times el lunes. Además, el lunes ya figuró el enredo en los principales dominios de la televisión. De lo que se trataba era de un reacomodo del CNS que implicaba instalar al estratega jefe del mandatario con un asiento permanente y la exportación de uno o dos altos oficiales militares a otras tiendas. La figura prominente de esta gimnasia ha sido Steve Bannon, un supremacista blanco de convicciones fascistas quien trabajó con el candidato Trump durante la campaña electoral que le deparó la victoria al republicano.

Desde luego, casi de inmediato, surgió la necesidad de ofrecerles un cariñito a los dos generales transferidos. La tarea quedó en manos del jefe de despacho del mandatario, Reince Priebus, quien se adelantó a señalar que los militares eran esenciales para posibles situaciones bélicas y podrían asistir a las reuniones del CNS cuando ellos desearan. Sin embargo, el juego consistía en darle la preeminencia a Bannon en el consejo asesor.

No obstante, el asunto dista de haber sido finiquitado con el personal de la Casa Blanca. De sus rangos emergió el cuestionamiento de Bannon como desconocedor de temas castrenses y sus convicciones fascistas. La defensa vino en una réplica general concerniente a los siete años que Bannon sirvió en la Marina. Esta polémica, según se escucha, continúa vigente y seguirá hasta que el patrón de la casa decida hablar claro.

Nada de lo ocurrido es nuevo. Si uno revisa las memorias de presidentes y otras altas figuras de la Casa Blanca, es fácil constatar cómo los conflictos suelen estar a la orden del día en el templo del civismo norteamericano. De todas formas, la administración Trump apenas se inicia y la pugna en el Senado para la confirmación de algunos funcionarios mantendrá ocupada la atención del público estadounidense. Y pensar que esto será apenas la antesala del refrendo de decenas de aspirantes a cargos ministeriales y en diversas ramas de la administración.