Por: Jorge Guardia 23 octubre

Creí que la Trilogía 2018 auspiciada por El Financiero sería politizada por la filiación partidaria de los expositores, pero resultó muy civilizada. Así se colige del video y “pincelada” reportada. Yo voy a agregar colores de mi paleta para matizar mejor la discusión.

Tipo de cambio. Coincido en la ansiedad que genera el advenimiento de un nuevo gobierno, pero no visualizo ningún cambio radical al régimen cambiario. La flotación ha progresado mucho desde el deplorable mayo negro. El BCCR demostró voluntad y capacidad para combatir la especulación, estabilizó el tipo de cambio, dejó prácticamente de intervenir, las reservas dejaron de caer y se han recuperado ($6.582 millones en mayo frente a $6.854 millones hoy, sin Flar) y las cotizaciones responden al mercado. Además, tiene la venia del FMI y el Banco Mundial. Comprarse un pleito con ellos para ceder a presiones grupales sería un error y un horror.

Tasas de interés. Las coincidencias apuntan al alza, pero debo agregar otra razón esencial. La visión común es que el deterioro fiscal pesará en el mercado financiero, las tasas internacionales se irán ajustando al ritmo contagioso de Luis Fonsi y Daddy Yankee (despacito, suave suavecito) y las calificadoras nos podrían clavar nuevas banderillas. Pero la especulación cambiaria de mayo-junio dejó una gran lección: el Central nunca debe arriesgarse a mantener tasas muy bajas de interés pues comprometen la estabilidad interna y externa de la moneda, su razón de ser. La cultura subyacente en nuestra gente es proclive a los juegos de azar. Siempre debe existir una buena prima para retener el ahorro y proteger el colón.

Inflación. Ahí estriban las mayores coincidencias: los astros se alinearon para parir bajos precios del petróleo y materias primas; el IPC mundial es un regalo; y la política monetaria del BCCR se ha consolidado para lazar en su banda a las briosas expectativas. Coincido en que la inflación en el 2017 picará el rango inferior (2 %) y rondará la meta del 3 % en el 2018 (si no nombran a un “devaluador compulsivo” en el Central). Ya la Junta Directiva está madura para adoptar formalmente el esquema de metas de inflación ( inflation targets ) y tutearse, sin rubor, con los mejores bancos centrales. Podría morigerar la política cambiaria y prescindir de conceptos que otrora fueron útiles, como intervención intradía, interdía y evitar “oscilaciones violentas”. Más mercado y menos regulación sería un excelente legado.