Opinión

‘Cualquiera tiempo pasado fue mejor’

Actualizado el 08 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

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‘Cualquiera tiempo pasado fue mejor’

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¿Les gustaría disfrutar un relato bien escrito sobre las peripecias de una familia de extracción humilde, muy tica e ingeniosa, en un pueblo nuestro allá por los años cincuenta? Pues bien, les tengo una propuesta que los hará recordar y sonreír: Cualquiera tiempo pasado fue mejor .

Casi todo sucedió en una casa solariega en San Vicente de Moravia, donde reinaba con sobriedad doña Carmen Madrigal, madre de 15 hijos, 10 propios y 5 de la primera ronda de su (cumplidor) marido, a quien perdió a temprana edad. Viuda y con muchas bocas que alimentar tuvo que sacar fuerzas de sus propias entrañas, pero nunca languideció ni se amargó. Me recuerda mucho a Amparo González, mi abuela, de un temple similar.

La imagino planeando con esmero la vida en el solar: chayotera en la ladera, ayotes en el cerco, vástagos, árboles frutales, una milpilla, cuatro matas de café, gallinas por doquier y un cerdito regordete al fondo del solar para alegrar la Navidad (tamalitos).

En la galera, bien esquivada, se erguía la carguita de leña (no tenía cocina eléctrica) y más allá, disimulada, una letrina no convencional, como en el campo. Los corredores de piso de tierra lucían nítidos a fuer de escobilla, respaldados por horcones engalanados con orquídeas y flores silvestres.

Nunca le pudieron decir abandonada. Para ella, la pobreza y el buen gusto no tenían por qué reñir. ¡Ah, y su buena cuchara! A sus hijos no les faltaron gallitos de arracache, olla de carne, tamal de elote, pancito casero, dulce de papaya verde, pozole ni arroz con leche (me quiero casar). ¡Qué rico! También visualizo a sus hijos correteando vivazmente en el solar, jugando rayuela y canicas, zumbando trompos, bañándose en pozas vecinales, robando guayabas y a uno de ellos escribiendo sus memorias, como John Boy en The Waltons.

El escritor era –es– Thelmo Vargas Madrigal, distinguido economista muy conocido en estas páginas cuya vena de escritor lo acompaña desde joven (tvargasm@yahoo.com). Su prosa fluida, jocosa y sensitiva brota de las neuronas y el corazón. En las reflexiones finales hace el parangón entre los valores de antaño sembrados con amor por los padres frente a la revolución virtual y fría de la juventud. Los de entonces no poseían la tecnología y muchas de sus enseñanzas se transmitían de viva voz; los de hoy navegan a una velocidad inusitada y son, sin duda, hacedores del porvenir. Pero de alguna forma preservarán los valores –es su esperanza y la mía– de sus ancestros. Gracias Thelmo por compartir tus remembranzas. Las disfruté a mares.

(*) Jorge Guardia es abogado y economista. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es, además, profesor de Economía y Derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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