Por: Nuria Marín Raventós 18 enero, 2015

Solo en Costa Rica sucede que uno de los hospitales más importantes del país, el Hospital San Juan de Dios, y su Junta de Salud le soliciten a la Municipalidad de San José el retiro o traslado de uno de los escasos puentes peatonales que hay, por haber sido tomado por un grupo de indigentes.

Tristemente, estas personas, a vista y paciencia de las autoridades, han tomado el puente como dormitorio y servicio sanitario, lo cual no solo imposibilita a los peatones su uso, sino que se ha convertido en un foco de contaminación, grave en cualquier circunstancia, pero aún más en vista de la cercanía de los hospitales San Juan de Dios y de Niños.

Este, que sería un problema inconcebible en cualquier país desarrollado del mundo, nos desnuda de cuerpo entero. El paseo Colón es la ruta más transitada de ingreso a la capital, pues por ella pasan diariamente miles de vehículos, y, para cruzarla, lo más lógico y seguro para los transeúntes es contar con un puente peatonal.

¿Cómo es posible que un pequeño grupo de ciudadanos tomen impunemente el control de un bien público y amenacen con su acción la seguridad y salud de otros ciudadanos? Un hecho como este revela lo que es quizás uno de los más graves problemas de nuestro país: la falta de autoridad.

Soy una convencida de que el orden comienza en los pequeños detalles, en las reglas mínimas de convivencia y en la férrea autoridad para hacerlas cumplir. En los países con mayor nivel de educación y desarrollo, esto se aprecia en detalles mínimos como las sanciones por botar basura o por cruzar la calle a media cuadra.

Sea por la saturación de nuestros tribunales, por el aumento de la población penitenciaria o por política criminal, se ha tomado la decisión de no sancionar muchas acciones menores, pero sin implementar medidas no represivas para solucionar el problema, lo que peligrosamente incrementa una percepción de impunidad en la ciudadanía.

Lo sucedido revela también debilidad e incapacidad institucional en materia de atención a las poblaciones más vulnerables. Lo lógico sería que estos indigentes fuesen rescatados por programas sociales que les garanticen una vida digna.

Lo que resulta realmente sorprendente y doloroso es que la “genial solución al problema” sea el retiro o traslado del puente, lo cual está siendo seriamente considerado en estos momentos por la Gerencia de Gestión de Servicios de la Municipalidad de San José. ¡Esto, queridos lectores, me deja sin palabras!

Etiquetado como: