Por: Jorge Guardia 3 febrero, 2015

A las bandas cambiarias les pasó lo mismo que al paciente remolón al salir del consultorio. Compungido, dijo: “Los placeres arriba del ombligo me los prohibieron, y los de abajo me abandonaron”.

Yo celebro la derogatoria aprobada, el pasado viernes, por la Junta Directiva del Banco Central, a instancias de su presidente ejecutivo, Olivier Castro, apoyado por su personal técnico. Es una decisión histórica. A todos ellos, un reconocimiento especial.

Lo celebro por razones de forma y fondo. Desde hace un año, las cotizaciones habían abandonado las bandas dejando prácticamente irrelevantes los puntos fijos de intervención. Aunque había migrado, de hecho, hacia otro de flotación administrada, y se habían adoptado tres decisiones fundamentales para dar marco jurídico al nuevo régimen, el anterior no había sido formalmente derogado. Muerto el rey, viva el rey.

El advenimiento de la flotación no implicará ningún cambio en las circunstancias actuales. El tipo de cambio seguirá rondando ese punto ideal de equilibrio de medio plazo identificado en los estudios técnicos, y la intervención solo se dará (o debería darse) en torno a ese equilibrio celosamente guardado. Pero no todo está dicho, ni hecho. Hay nuevos luceros en el rutilante horizonte macroeconómico. El petróleo es uno de ellos; otro, el déficit fiscal. Uno impulsará las cotizaciones arriba del ombligo; el otro, un poco más al sur. Lo esencial es recordar que el ombligo es un punto estelar que se mueve al sonar de los “fundamentales”. Otro reto son los diferenciales de inflación. La inflación nuestra podría rondar el 4% anual. Pero sigue doblando la internacional. Si se mantiene –o, peor aún, si aumenta–, se apreciará el colón en perjuicio de la exportación y producción sustitutiva de importaciones. Y no le conviene al país. Entonces, el reto para el Central es continuar avanzando en la estabilización interna (baja inflación) para proteger la producción, empleo y salarios. Afortunadamente, el nuevo régimen le ayudará a rescatar la política monetaria, en el tanto la emisión (o absorción de liquidez) sea esporádica y controlada, sin comprometer las metas de inflación.

Siento que se completó un ciclo. Concluyó la (larga) transición iniciada en octubre del 2006 hacia un régimen más flexible y moderno, prerrequisito para adoptar formalmente el esquema de inflation targets . Finalmente, se logró la reforma recomendada en mi libro, publicado en el 2011, intitulado Del cambio fijo a la liberalización cambiaria . Podré, al fin, reescribir el epílogo.