Por: Jorge Vargas Cullell 5 mayo, 2016

Tanto analista que la suda, sacando significados profundos a los discursos del primero y dos de mayo en la Asamblea Legislativa, y uno preguntándose si no sería mejor que, como en esas fechas ahí siempre ocurre lo mismo, los medios les graben una entrevista genérica y la pasen, digamos, por unos cinco años seguidos. Así ahorramos neuronas, tiempo y dinero. Los analistas tienen brete y los medios, opinión.

En el informe al Parlamento, el gobierno de turno siempre dice que está haciendo un gobiernazo. La oposición, cualquiera que sea, hace oídos sordos y lo critica por inútil. Cambian las caras, pero no el guion. El único morbo es saber, si con tanto partido tan partido, los diputados tardarán dos horas, o diez, para elegir el Directorio y si habrá algún bochinche comentable en el bar de la esquina.

Hay un fondo aparente en todo esto. Que los partidos están divididos en mil pedazos; que el actual gobierno está acorralado en el Parlamento, sin estrategia discernible para lidiar con la coalición opositora mayoritaria; que el amarre de última hora que une a esa variopinta coalición está pegado con alfileres; y que el diálogo sobre el tema fiscal sigue parqueado sin que ninguna de las partes, el gobierno en primer lugar, proponga una negociación sin trucos para la gradería.

Ya todo está dicho, pero, como hace años, seguimos pelándonos los dientes, presa de ideólogos e intereses sectoriales.

El fondo real del asunto anda por otro lado: una clase política sin urgencia de país se desangra en escaramuzas, y en las cosas sustantivas prefiere el inmovilismo. Incluyo aquí también a sindicatos y cámaras empresariales. La mayoría apuesta por que mañana será otro día, que hoy su tarea es asegurar posiciones y vetar a otros. Hasta los que quieren gobernar en el 2018 rehúyen la negociación fiscal, ¡una locura!

Este tercer año que se inicia es, sin embargo, decisivo. El gobierno tiene doce meses, máximo, de músculo político antes que la campaña electoral lo vuelva un cromo pintado en la pared. En la acera de enfrente, la presidencia legislativa puede hacer una diferencia importante si sienta un tono constructivo, como lo hizo el presidente saliente.

Gobierno y Asamblea tienen que negociar una reforma fiscal, sabiendo que nadie tiene el poder de excluir temas de la mesa: ingresos, gastos y gobernanza fiscal tendrán que verse en simultáneo, no secuencialmente, como cada uno propone. Le toca al nuevo presidente legislativo evitar que diputados de barricada secuestren la discusión y al presidente de la República, tomar iniciativa.

Jorge Vargas Cullell es gestor de investigación y colabora como investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Es Ph.D. en Ciencias Políticas y máster en Resolución alternativa de conflictos por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica.